miércoles, 14 de noviembre de 2007

Escena

"Después de la fiesta, al volver a casa, Francisco Molinero y su esposa apagan las luces y se desvisten sentados en la cama, uno a cada lado, como hacen las parejas que llevan mucho tiempo viviendo juntas.

Antes, él hizo el recorrido ritual de todas las noches, previo a irse a dormir, como una especie de mantra: cada ventana cerrada, el zagúan asegurado, los pestillos corridos. Volvió al comedor a oscuras y se sirvió un último whisky, rápido, dándole de paso una mirada a la mesa alargada donde cada martes los tallerandos llegaban con sus grandes esperanzas vertidas a mano en papel barato, algunos para irse indignados o humillados y otros, con la tenacidad calculada para llegar al final aunque fuera sin piel en los dedos, con los ojos ardiéndoles con las horas robadas al sueño.

Lleva el vaso a la habitación, donde Bárbara está sentada ante el espejo, quitándose el maquillaje, su rostro festivo, con movimientos circulares, metódicos.
La ha visto hacerlo muchas veces en los años que han estado juntos y el rito aún tiene algo de mágico para él; es como ver a alguien disolverse en la superficie de un lago, para que de sus aguas emerja la misma joven que vio por primera vez en una ciudad en otro país. Da un sorbo al whisky y se apoya en las almohadas. En la mesilla esperan las voluminosas intrucciones de uso para la vida de Pereç, pero esa noche no tiene ganas de leer. Tampoco de cerrar los ojos. Sólo contempla a su esposa, las curvas pronunciadas por la gestación que se iluminan ante él; sigue el ir y venir de la mano derecha que con un pañuelo de papel se despoja de todo artificio y encuentra sus ojos en el espejo, le devuelve una sonrisa muy similar a la primera que le dio.

- Fue una buena fiesta.

Él da otro sorbo y asiente. - Al libro le irá bien.

- Debes estar orgulloso.

- Sí. Supongo que sí. Es el fruto de la persistencia, por no decir de la necedad. Mateo no cejó hasta salirse con la suya.

Bárbara Molinero se suelta el cabello, que cae sobre sus hombros desnudos. La ve hacerse una trenza a manera de un truco de prestidigitación, con la misma rapidez con que un día, no mañana pero pronto, hará lo mismo, temprano en las mañanas de escuela, con el cabello de la niña a la que llamarán Ana, ante la que él pasará horas enteras, mirándola dormir.

- Estaba nervioso. Parecía un niño perdido. Me dio mucha ternura.

Al oírla, una sonrisa juega en la comisura de los labios de Molinero, aunque no logra formarse del todo. Bárbara ante el espejo, con los siete meses palpitándole en el centro, de pronto le parece inalcanzable aún si está sólo a unos pasos de la cama y la sensación de su propia fortuna se manifiesta, abrumadora, ante él, tan fuerte que tiene que decir lo primero que le viene a la mente, para romper el hechizo, no quedarse así por tiempo indefinido, suspendido en su propia veneración silenciosa - Están líados.

-¿Quiénes?

- Los dos príncipes. Mateo y Plinio. Algo se traen. Qué, ¿no te has dado cuenta?

Bárbara se acerca a la cama y se mete entre las sábanas, con una expresión sorprendida en el rostro que rápido hace transición a algo más, quizá empatado con la tristeza, con el comprender de pronto que algo es inamovible, irremediable. Le busca la mano sobre la cama, la toma y la oprime suavemente, llevándola sobre su vientre mientras él apura el resto del vaso.

- No. No están líados, Fran. Están enamorados.

La ve parpadear, mientras le acerca sus nudillos a los labios. No lo mira al acariciarle el rostro, sino a algo más, a alguien que no está ahí.

-¿Enamorados?

- Sí,- la voz de Bárbara bordea el sueño, mientras se acomoda a su lado. Nunca dejará de sorprenderle su percepción de las cosas, como si tuviera otros ojos distintos, que ven una realidad para él vedada - Pobres. "

[Fragmento del capítulo Dos Príncipes de la novela El Corazón Caníbal.]

4 comentarios:

doña Jimena dijo...

Eso del amor es muy confuso. (yo nomas no le agarro)

Ben dijo...

Pasé más de cinco minutos tratando de fugurar quien era el autro de la novela. Jajajaja.

Me ha gustado mucho. ¿Será esta la próxima gran sorpresa que nos des, mi querido Canito?

Saludos y abrazos, ojalá mis abrazos virtuales te puedan confortar un poco, por lo menos, en estos momentos de luto.

Viviana dijo...

Me ha encantado. ¿Cuándo podremos leer más?

¿Qué luto?

Besitos

Champy dijo...

oye esperame tantito...aun no acabe de leerte todo lo que tienes aqui, más lo que me lleve allá más lo que he comprado y ya anuncias más???'

Tmbien trabajo.