lunes, 6 de abril de 2009

Botella al mar

¿Dónde estás?
¿Dónde has estado?
¿Qué has hecho?

Estas y otras preguntas son las que me he encontrado en distintos puntos, virtuales y reales, al respecto de este portal, que había permanecido, desde el aniversario luctuoso de Julio Cortázar, virtualmente (y para todos usos y razones) en el abandono.

No, créanme, no he abandonado la nave. Más bien, han sido otras circunstancias las que me han apartado de ella, pero eso no quiere decir que abandone.

No sé qué sucedió, pero desde diciembre (y a lo largo de los meses siguientes, culminando en febrero) tuve una creciente sensación de desasosiego; como si hubiera comprometido mi intimidad en esta página, como si el ser leído -- por amigos y conocidos, por mi familia- me expusiera de un modo poco favorable ante ellos. Y entonces, empecé a callarme, guardarme cosas, con el temor de que lo escrito pudiera interpretarse como peticiones, reproches, reclamos o insolencias, donde no las había, pero no podía entrar en la conciencia de mis lectores y explicarles qué codificación darle a lo escrito, llevándome a malos entendidos que no podía aclarar entonces. Al cabo de un tiempo, sentí que ya me había expuesto demasiado y además no estaba en un buen momento de mi vida, por lo mismo, me aparté.

Ahora estoy en un momento mejor y vuelvo.

¿Dónde estoy?

De momento, estoy en la ciudad de México, a miles de kilómetros de mi casa, aunque haya nacido aquí. Estoy aquí en estancia temporal -- prolongada contra mi voluntad- por motivos consulares que, ostensiblemente, mejorarán mi vida cuando retorne a Finisterre a recuperar mi vida. Pero ahora mismo no tengo certezas ni garantías, ni nada en absoluto, salvo la fe que tengo de que he hecho lo correcto, de que tengo que hacer esto para seguir viviendo como yo quiero.
Veremos.

¿Cómo estoy?

Estoy bien. Físicamente, estoy mejor (tuve un repentino ataque de ciática, que me paralizaba prácticamente, durante mis últimas semanas en el invierno español, antes de venir a desplomarme en la letárgica y acalorada primavera mexicana) y ya me puedo mover mejor. Es increíble, he llegado a la edad de los "yo nunca". Ja, ja.

Como bien, camino, trabajo, leo, he ido al teatro, con frecuencia veo a mis amigos (y he podido poner rostro a muchos que sólo conocía de modo virtual), he pasado tiempo con mi familia y gracias a mi amiga Beatriz y su generosidad ilimitada, no me hace falta nada. Estoy hondamente conmovido, y no lo digo sólo por seguir la fórmula (los que me conocen, saben).

He conocido y disfrutado mucho a Rafaelín, mi sobrino. Quiero decir, ahora sí lo he conocido. Ahora me ha visto, me ha identificado, me ha sonreído, me ha dado un nombre (soy "Maic", o bien, algo parecido en la media lengua que tiene, a punto de cumplir el año de edad) y se ha trepado a mí, física y figurativamente.

Pero Rafaelín no es substituto de Audrey. Y cada día pienso en ella, con desazón, con inquietud. Sé que está en las mejores manos posibles y que es muy querida y que está feliz. Pero no estoy con ella y esa ausencia física de mi pequeña, la siento en cada parte de mí.

No estoy triste. Quiero dejar esto bien claro. Estoy en un impasse.

Estaré feliz, cuando pueda volver a cruzar el umbral de mi casa -- mi verdadera casa, en Gijón-, con Audrey, con mis amigos sabiendo que estoy feliz.

Por lo pronto, éstas son mis noticias de vida. No puedo decir más, por que no sé más.

Solo espero. Espero, espero.

Espero como espera la botella que flota en el mar para ser leída.
Pero volveré.

Y a esta página también.

3 comentarios:

hugo dijo...

bueno, de mi parte, qué gusto que sigas aquí, se me han pasado las semanas en el limbo y no te he llamado. lo haré pronti. abrazos.

Patricia dijo...

Me alegro de que estés bien y espero que los temas consulares se solucionen y puedas pronto volver a tu casa, tu pequeña y tus cosas que tan bien te hacen.

No te enojes si te confieso que con lo de la ciática y la edad de los "yo nunca" me he reído un buen rato... Por favor, un ataque de ciática no debe faltar ni en la cartera de la dama ni en el bolsillo del caballero!!! Esa inolvidable experiencia de quedarse sin pierna por ejemplo, como me pasó a mí hace unos añitos es obligada: no sos nada si no tuviste ciática.

Vieron? Ahora todos salen a levantar pesos y demás para ver si se unen al club. :-D

Por lo demás, es difícil que se entienda a veces en qué intención o tono está escrito algo: ya lo sabemos por experiencia de antes. Es tu derecho sentirte como quieras con respecto a este lugar, y tomarte vacaciones cada vez que quieras o necesites.

Eso sí, YO jamás te he visto en una luz poco favorable: más bien he visto alguien que trata de ser lo más honesto posible, así sea difícil y arriesgándose a ser malinterpretado. Cosa que no pasó conmigo, pero yo estoy lejos y ya sabemos... no es lo mismo que amigos y familia cercanos.

Un beso grande.
P.

Unicornio dijo...

Estimadísimo Don Migue:

Estamos en las mismas condiciones (Y esto me sonó a canción de "Eydie Gormé y Los Panchos"... OK, perdón por el exabrupto y regreso a lo que estaba...)

Decía, también he andado en misiones que me han insumido todo el tiempo disponible... y un poquito más. REgreso después de estos días de Semana Mayor, para poder descansar un poco y no anotar puras barbaridades. Quiero decir, unas barbaridades sí y otras no, jejeje.

Cuídate en estos días en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México. En una de esas te tropiezas sin darte cuenta en una de las "albercas comunitarias" (por lo cual, creo, estamos con cortes de agua en exceso) que abundan por acá. Ya se sabe: "en tiempos 'electoreros', circo y pan al menos" (frase célebre de los Caballos con Cuerno).

Cuídese mucho y que regreses con ánimos renovados, son los deseos del

incorregiblemente "chapoteador" Unicornio...