domingo, 30 de agosto de 2009

Luciano dice


Luciano dice -...cuando yo era niño, me dijeron que la infancia era el mejor tiempo de la vida. Que era la felicidad absoluta, el paraíso. No era verdad. No podía esperar para por fin crecer y de una vez dejar de ser niño y depender de todos para todo. De sentirme inadecuado y como premio de consolación, afecto de segunda; encontrar el momento de convertirme en el Luciano Reed que iba a ser, de algun modo. Y ahora él se va, se ha ido, pero antes de sacarme de su vida, sistemáticamente, sin mezquindades ni maldad, pero de un modo efectivo y total, me dice: "...Es que no puedo. Es demasiado. Me siento sitiado. Quiero mi espacio, necesito aire. Mi aire. Mi tiempo. Tú me haces sentir cohibido, no quieres cambiar, ya-no-te-quiero." y algunas noches después, mientras bailamos una de Joe Jackson (you're all the same/you're all the same) en otra fiesta, yo contengo y disimulo lágrimas en mis ojos. Estefanía dice "...algunas veces nada en el plato es mejor que mendrugos bajo la mesa, Lux." y yo lo sé, lo entiendo. Le digo "Sí. Estoy contento, no sufro. Lo echaré de menos, eso es todo." y Estefanía dice "Pero no te quería. No te hizo feliz, Lux." y yo le digo "Pero fui feliz, de veras que sí."

Esto ya lo pasé antes, nada me garantiza que no ocurra de nuevo algún otro día. Lo dijo una vez Isabelle: "Es que el problema, es que tú quieres tenerlo todo, pero no se puede. Tienes que conformarte con lo que te toca."
Pero nadie me obliga a hacerlo. No está escrito en piedra sobre mi cabeza.

Él me mintió. Fue deliberado. No sé si mintió en todo, o solo al final. Ahora que ya no está aquí, aunque me duele, también me alivia saber que no era mi culpa, que no hice nada para herirlo. Que tan solo tuvo miedo. o asco, y entonces transfería a mis hombros un peso que no quería cargar, y que ahora estoy tirando antes de jalar la cadena.

Toda mi vida he buscado a alguien valiente, ingenioso.
Alguien que me amara por mí, por lo que soy, he sido, seré.
Él no lo era.
Pero algo. Fuimos algo.

Y ese algo, tendrá que ser mejor que el olvido.
Que la nada.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Tres años

Un blog una vez soñé...

Así es como, en lo que parece un parpadeo, este espacio en la red cumple tres años.
Ustedes saben cómo nació -- yo sostenía en aquel tiempo, una extensa correspondencia con dos amigos que vivían a muchos kilómetros de distancia de mí. La razón por la que sostenía esa correspondencia con ellos, era básicamentepara tratar de manifestarme de una manera perdurable en sus vidas. Ahora ya no lo necesito (o que ya no importa), esa correspondencia ya no existe. De hecho, no sobrevivió mucho a este blog, que surgió, en cierta forma, como una extensión de esas cartas que yo escribía en ese entonces.

En cierta forma, este blog adquirió su propia forma de vida -- en distintas formas, encarnaciones, perfiles, facetas.

Hoy se cumplen tres años de su primera aparición, que con esta, suma 678 entradas.

Siento que, muy posiblemente, este blog, así como esas doscientas cartas que le precedieron, ya no tiene tanta razón apremiante de existir. No sé si yo he cambiado, si la blogósfera ha cambiado, si es un conjunto de cosas... o si mi entorno ha exigido también otro tipo de cambio. Lo cierto es que este blog hace ya mucho tiempo que no es lo que, en lo que algunos podrían llamar su 'edad de oro', era.

Lo que quiero decir es... no sé si quiero seguir adelante con un blog que, claramente, se ha comenzado a fosilizar. A veces siento que ya no tengo a nadie para quién escribir. Como esas cartas que le dieron origen, este blog ha perdido su razón de ser. Ya no necesito decir lo que antes necesitaba decir en este foro. Ya no tengo los lectores para quienes escribía antes. Ya no tengo historias qué contarles. Además, este blog dejó de ser solo mío en algún momento: de pronto se abrió a muchísimos ojos. Hace algunos meses descubrí que estaba siendo leído por una persona que me hizo mucho daño y que se cebaba leyendo lo aquí expuesto, que fue escrito teniendo en mente a mi familia y a la gente que más quiero.

Por eso creo que, después de haber cumplido tres años, este blog va a desaparecer. No solo que lo voy a dejar: va a desaparecer. Desaparecerá cada entrada, cada juego, cada imagen. Si ya no tengo para quién escribir, no tiene caso.

Si hay quien opine diferente, me gustaría oírlo. Si no, lo más probable es que en cinco días, desaparezca el blog. A todos los que aquí he mencionado, los que han comentado, los que han leído, los recordaré con cariño.

martes, 25 de agosto de 2009

Tru, 25 años más tarde.

Considerado, lo mismo con envidia que con admiración, como un auténtico camaleón de los géneros literarios, Truman Capote era, por turnos, un hombre brillante, severamente neurótico y un escritor infinitamente versátil, cuya obra incluye verdaderos y raros diamantes como el misceláneo Música para camaleones (1980), o libros que hicieron historia como A sangre fría (1965), novela-reportaje que entrecruzó para siempre los caminos de la ficción y el periodismo.

Arrogante, precoz, petulante, narcisista irredento y narrador incomparable, Capote (1924-1984) se hizo notar desde su infancia solitaria y difícil. Su universo literario se construyó, según propia confesión, en la soledad de aquella era que retrataría en su formidable novela debut Otras voces, otros ámbitos, publicada en 1948; aunque ya desde antes había publicado en la revista Mademoiselle un inquietante relato titulado Miriam, con el que obtendría el premio O’ Henry y la crítica lo descubrió. Luego la industria editorial se pondría a sus pies y en el cine encontraría una manera de tocar las estrellas, con sus trabajos como guionista a las órdenes de John Huston o Jack Clayton y con las adaptaciones de Desayuno con diamantes (Blake Edwards la dirigió en 1961, convirtiendo a Audrey Hepburn en figura icónica) o bien A sangre fría, llevada al cine por Richard Brooks en 1967.

Ángel taimado –tal y como él mismo se describía al hablar de su infancia, en la que ya se había asumido completamente homosexual–, el futuro monstruo sagrado comenzó a escribir con el nombre de Truman Streckfuss Persons. Pero, al cambiar su madre de marido, incorporó el apellido Capote cedido por su padrastro de origen cubano: Joe Capote era un hombre generoso que buscó dar estabilidad al niño pero sin embargo Nina, que poseía belleza y engreimiento, se convirtió en una ebria majadera y a la postre suicida, que no fue buena con Truman; ella hubiera deseado un hijo musculoso y no un mariconcito (como solía llamarlo a voces delante de la gente). Su verdadero padre fue un fracasado estafador que logró sacar provecho de su hijo en cuanto éste se volvió un escritor reconocido.
Aquella crianza infernal regresaría a Truman en su lecho de muerte. Necesitaba amor, y el que le proporcionaban su pareja, sus amantes de ocasión, y sus amigas de sociedad no le bastaba.

Su carrera estuvo marcada por una parábola trágica: el éxito llegó pronto y fue excesivo, por lo que la proverbial caída fue brutal; a principios de los setenta, Capote era ya víctima del descontento general que acabaría con su vida en pocos años: el alcohol y la droga, la insatisfacción y el bloqueo le impedían volver a ser aquel joven que aprendió cuanto pudo de su primer amante, el académico Newton Arvin, y que sacaba partido de la infantil belleza de su flequillo rubio, visto en sus primeras fotos publicitarias. En sus mejores tiempos, Tru era burbujeante, ingenioso y mordaz y fue adoptado como mascota por la beautiful people, damas de sociedad de lo más chic a las que bautizó como sus ‘cisnes’; y a las que luego destriparía públicamente en su cruel relato La Côte Basque 1965, un fragmento explosivo de su inconclusa mágnum opus póstuma Plegarias atendidas.
Su pareja más perdurable fue Jack Dunphy, un solitario escritor que había estado casado anteriormente con una mujer y a quien no le importaba, aparentemente, que Capote fluctuase entre pasar tiempo con él y la gran vida. En los años 60, en casa de Cecil Beaton, en Londres, conoció a la Reina Madre, quien, según todas las referencias, quedó “encantada” con él, mientras que su afecto más intenso estaba reservado a Barbara Babe Cushing, también conocida como Mrs. William S. Paley, que fue su mecenas, su amiga y su confidente, hasta que la traicionó.

Ahora bien, que el exceso de caviar y de champagne no estropearan su forma de escribir es algo que habla en su favor, su dedicación era de una seriedad casi flaubertiana. La necesidad de producir una obra de trascendencia lo llevaría, en noviembre de 1959, a investigar el asesinato en masa de una familia en Kansas y a producir, en el llamado “nuevo periodismo” el volumen In cold blood (A sangre fría), un curioso híbrido al que se consideró una obra maestra innovadora. En 1966, con el pretexto de honrar a Katharine Graham, la dueña del Washington Post, Tru fue el anfitrión de un legendario baile blanco y negro, considerada la fiesta más sonada de la década en el hotel Plaza de Nueva York.

El Capote rey de la alta sociedad comenzó a eclipsar al escritor. Soñaba con romper su bloqueo con el éxito dudoso que le proporcionaría escribir algo tan grande como la suprema novela de Proust. Así, su En busca del tiempo perdido se iba a llamar Answered prayers, del cual publicó un avance en la revista Esquire en 1975. Al hacerlo provocó un escándalo, así como un espectáculo pirotécnico de indignación, horror, vilipendio y, finalmente, ostracismo. El suicidio social sería el primer paso hacia su muy acariciada autodestrucción. La desastrosa última fase de su carrera estuvo plagada no sólo de resentimientos, sino de estúpidos actos de venganza: tipos contratados para darle una paliza en la calle, insultos y humillaciones... entraba y salía del hospital. Iba allí, lo secaban bien y, apenas unas horas después, volvía a estar ahogado en vodka. Haciendo esfuerzos sobrehumanos por recobrar su talento perdido, acabó un deslumbrante volumen de historias y bocetos llamado Music for Chameleons (Música para camaleones), sin embargo, su decadencia fue horripilante: se orinaba en el suelo, yacía borracho en rincones del Studio 54; sus grandes amigos del jet set lo habían abandonado y algunos lo trataban más con piedad que con respeto. Deseaba la muerte y creía que las semillas de su deseo se habían sembrado durante su desgraciada infancia. Quizá tenía razón.

Al morir, como huésped en casa de su leal amiga Joanne Carson, en Palm Beach, Florida, el 25 de agosto de 1984 –a menos de un mes de cumplir 60 años–, Truman había llevado una vida fascinante aunque sobrecogedora, y una de las grandes verdades que dejó su paso por este mundo es que, a pesar de concentrarse intensamente en autodestruirse, sin Truman Capote la literatura contemporánea sería mucho más pobre y aburrida de lo que fue y eso, es la plegaria mejor atendida de todas, si bien él no pudo ver el redescubrimiento que tendría.

sábado, 22 de agosto de 2009

La reina se lamenta

Lamento de Dido from Raúl Acosta on Vimeo.


Eneas se va, para cumplir su destino, donde Dido sólo puede verlo partir. Es su alfa y omega. El deseo irrefrenable de consumirte en las llamas que iluminarán su nave para que no vea tus lágrimas brillar.


La música es el aria 'Cuando yazca en la tierra', también conocida como 'El Lamento de Dido', de Dido and Æneas, Opera de Henry Purcell (1689).

La animación es un trabajo original de Raúl Acosta y pueden ver más de su trabajo haciendo clic aquí.

domingo, 16 de agosto de 2009

Tengo miedo del invierno

Tengo miedo de un invierno como el anterior que me hizo trizas me arrancó la piel me dejó dolores que persisten a manera de regalo del que no me puedo (aún) deshacer y me han dicho estas en otra tesitura me reconvienen toma tus previsiones y yo asiento y digo que no temo al invierno todo el tiempo (no) pero lo mismo no le temía antes y lo que temo es que llegue como el anterior y la noche no caiga si no que se desplome encima de mi dure bajo el peso de la oscuridad durante meses y no me di cuenta hasta que ya se habia levantado pero mientras tanto mi vida era un desastre me ha costado trabajo levantarme y no quiero que vuelvan los dias negros pero no es algo que este en mí evitar y por eso tengo miedo tengo miedo del invierno.

viernes, 14 de agosto de 2009

Metáfora


[Ella] era tan desasosegantemente inocua, como una pastilla de jabón fabricada en Auschwitz.

martes, 11 de agosto de 2009

Mi piel recuerda

Mi peor enemigo es mi memoria.

Esa es la verdad.

Algunas veces, quisiera ser amnésico. Despertar sin pasado -- ni reciente, ni lejano-, ser hoja en blanco. Sin línea en el horizonte. Olvidar cosas. Momentos. Cosas que he visto. Momentos que he presenciado. Cosas que sé, que no debería saber. Habitaciones a las que entré cuando no debía, cosas que no dije o que no debía haber dicho.

Y hago un esfuerzo -- es un esfuerzo que requiere todo mi ser, mi concentración, mis ganas de vivir, inclusive- por olvidarme de todo esto, que ya dejé atrás antes, en otras horas, en otras madrugadas, en otras calles, algunas en otras ciudades y hasta en otros países. Y lo consigo. Me olvido, conscientemente, me olvido. Y sigo con mi vida, con lo que tengo que es mío.

Pero mi memoria me tiende trampas. Es voraz. Me paraliza de pronto en los momentos menos imaginados, cuando me miro al espejo en la mañana, cuando veo la puesta del sol, cuando camino por ahí, cuando leo algo, cuando escucho una canción. Y es como un túnel que se cierra en torno a mi corazón, a mi mente, a mi cuerpo. No puedo respirar. Se me atora un nudo en la garganta y tengo muchas ganas de llorar. Y no sé por qué. No sé por qué.

Y luego, el recuerdo, como viene, eventualmente se marcha y aunque no recuerdo todo el tiempo, y el olvido me alivia y vuelvo a mi vida normal (o lo que pasa por mi vida normal), algo permanece. Aunque yo no quiero. Permanece oculto, invisible, incluso -- como dije antes- lo olvido.

Pero no importa que yo me olvido. Los lugares, el tiempo, mi piel, recuerdan.

A veces quisiera ser amnésico. Olvidarlo todo. Por completo.



La ilustración es La Memoria, por René Magritte.