martes, 1 de septiembre de 2009

El Final es el Principio del Final...


Esta es la última entrada en este blog.

Este es, ahora sí, el final, final. No habrá un 'sketch' sorpresa después de los créditos, un encore con toda la banda ante el público que grita "¡otra, otra!" -- ni siquiera habrá anacrusa (o de cuando la música viene después del silencio).

Damas y caballeros, este show ya se terminó.

Pero no antes de presentar algunas viñetas previas al telón:

***
Llama mi madre, yo atiendo.

Mamá: ¿De verdad vas a cerrar el blog?


Yo: Digamos que sí.


Mamá: ¿Por qué? ¿Es porque yo lo leo?


Yo:¡Claro que no!


Mamá: ¿Entonces?


Yo: Pues... porque siento que ya conté muchas cosas de mi vida. Y ahora tengo que ir a vivir mi vida para contar más cosas, de otra manera.


Mamá: ¿Y vas a borrar todo esto? ¿Las fotos, los textos, los recuerdos...?


Yo: No lo sé. De momento, no. Mañana, who knows.


Mamá: ¿Y yo dónde te voy a leer? ¿Cómo te voy a encontrar?


Yo: Siempre me vas a leer. Siempre me vas a encontrar.
Yo dejo un rastro de migas en el bosque, para no perderme...

***
Releo algunas de las entradas anteriores, favoritas y no tanto: algunas desoladas, otras eufóricas. Algunas me duelen menos de lo que me dolían cuando las escribí. Hay algunas que escribí pero que nunca publiqué, porque están escritas al vapor de mi herida y están sucias, son ñoñas, maltrechas, histéricas. Pero son mías. Y no me arrepiento de mi mal gusto, ni me averguenzo de lo que siento cuando escribo. Me gustaría que se parecieran más a una película de los hermanos Marx, que a un melodrama Polanskiano, pero qué-le-voy-a-hacer. No voy a corregir lo escrito, no voy a volver sobre mis pasos.
Ya no.

***

Últimos días de julio.
Por e-mail escribe una antigua enemiga anónima-ni-tan-anónima. Me sorprende (mucho). Ya me había olvidado de ella, de todo lo que conllevó en este mismo blog, haberla llamado zorra hace unos 170 años.
Me dice que lo menos que puedo hacer es oír lo que tiene que decir antes de partir ella a su propio exilio: será que desea limpiarse el mal karma, supongo. Nos vemos brevemente. Me pregunto mil veces qué hago ahí, pero supongo que lo hago por que, si bien sigo pensando lo mismo que pensaba cuando escribí aquello (y lo sigo pensando ahora que escribo esto y ella sabe que lo pensaré siempre), lo menos que puedo hacer es reconocer que me pasé al decir eso en público.
Hablamos. Pido un café que no me tomo. Me dice que la juzgué mal (la juzgué, sí. Mal o bien, depende de la perspectiva de otros, no mía). Me dice que las cosas no fueron "así" (lo que sea que "así" quiera decir). Me revela detalles que no-quiero-ni-necesito-saber, pero que tal vez ella necesita sacarse de encima. Escucho. Ella habla. Cuando termina, le doy la mano sin mirar. No bebo el cafe, que pago yo. Me vuelvo a casa con el iPod a la oreja y pienso en cómo podría escribir esto, pero solo sale así como ahora lo escribo. Me costó todo lo que tengo no reírme entonces, quién me viera, a mis años... pero también sé lo que es querer expiar un karma.
Dios sabe que tendré que hacerlo por todo lo que yo he pecado tras pecado tras pecado...

***

Nadie tiene derecho a hacerte sentir avergonzado de lo que haces, sientes, piensas o escribes.
O eres.
No importa lo mucho (o poquito) que te importe su opinión (No, tú, mamá, que conste).

***

Cada día trae cambios.
Hoy hace dos años y medio que llegué a la ciudad.
Hoy tramité mi Documento de Identidad como Residente Extranjero.
Hoy me di de alta en la Seguridad Social.
Hoy me di de alta en (¡Dios nos guarde!) Hacienda.
Hoy comencé una vida nueva. Nuevos números. Me puse muy contento.
Esto es por lo que luché y pasé cuatro meses casi, en el exilio, con miedo a no volver.
Esto es mio. Y no me lo quita nadie.

***

Sigue la masacre sistemática de homosexuales en Irak. El mundo tiene cosas más importantes de qué ocuparse.
A veces me tomo un Alka Seltzer mientras leo las noticias. El alivio de la náusea no es permanente.

***

Llamo a mi amigo Alejandro, mi compadre, una de mis piedras de toque.

"¿A que no sabes? Tengo un amigo nuevo que me recuerda mucho a tí."

"¿De verdad?"

"Tiene 20 años y apenas está saliendo del clóset. Es muy, muy parecido a como eras tú."

Me sonrío en el auricular. Cuando Alejandro me conoció, yo tenía veinte años. Cuando Jesús me sacó de aquél bote de basura, tenía once. De pronto recuerdo esas mesas de taller, recuerdo estar sentados en largas charlas de sobremesa. Todo ese cariño vuelve a mi en una oleada casi sensorial. Los libros (yo construyo bibliotecas de libros que ya leí para aquellos que quiero) compartidos pasan por mis manos mientras me cuenta de este nuevo protegido suyo.

"Gracias," digo entonces "gracias, compadre, por todo. Por estos años, por tu cariño, por tu apoyo, por abrigarme, por darme de comer (literal) cuando tuve hambre. Por haberme puesto en un camino que es el de mi madurez. Gracias por las risas, por las admoniciones, por el tiempo, por compartirme tu familia. Por no avergonzarte de mí, ni tenerme miedo -- sé que soy temible- y por ayudarme a crecer. Por ser mi hermano, por ser uno de mis grandes cariños en la vida, por ser mi amigo."

Alejandro hace una pausa. No puedo ver su cara.

"Gracias a tí. Por decirlo."

"¿Por?"

"Porque uno hace cosas sin esperar nada. Y muchos lo que te dan, es una patada en el culo, o una mentada de madre. O te ignoran, o se van. O te olvidan. Y mira, yo sigo con mi vida igual, pero es muy bueno oir esto. Sobre todo porque no tienes nada qué agradecer. Todo eso lo hiciste tú solo."

Y yo sonrío. Y tengo veinte años otra vez, por un momento.

No solo. Él es de esas personas (han sido pocas) que no sólo me han hecho desear ser mejor, sino realmente serlo.

***

Este mes se cumplen veinte años de que entré al bachillerato. De firmar con este nombre.
Todo lo que quería era una palabra para guardarla en mis sueños de ser alguien.

Mi nombre es Miguel Cane.

Desde hace veinte años yo soy Miguel Cane.

***
Hoy se acabó el verano.

Citando a Alberto Chimal por via de Natalie Merchant: éstos son los días.
Audrey se acurruca junto a mí en el quicio de la ventana, miramos desde el alféizar cómo la tarde se vuelve plomo líquido en la ciudad. Le acaricio el lomito. Sigo con miedo del invierno, pero hasta que no llegue, no sabré.

Espero, es todo. No viviré happily ever after, eso lo supe toda mi vida.
Pero viviré hopefully ever after.

***

Algunos amigos dicen que fue por mi culpa que decidieron hacer sus blogs.
Yo no soy responsable, que conste.
Pero vaya mi agradecimiento vivo, enternecido y (sí, qué carajos) sentimental, a todos los lectores que pasaron por aquí, que dejaron una huellita aunque minúscula. Gracias por estar ahí.

***

Antes de cerrar, Lou Reed (no podría ser de otra manera), me hace señas desde su rincón en la barra, me pide un último Jack Daniels derecho sobre hielo y me regala esta canción.

No hay nada mejor antes de apagar las luces.

I've been set free and I've been bound
To the memories of yesterday's clouds
I've been set free and I've been bound

And now I'm set free
I'm set free
I'm set free to find a new illusion

I've been blinded but
You I can see
What in the world has happened to me
The prince of stories who walks right by me

And now I'm set free
I'm set free
I'm set free to find a new illusion

I've been set free and I've been bound
Let me tell you people
what I found
I saw my head laughing
rolling on the ground

And now I'm set free
I'm set free

***
Había una vez un blog.

Buenas noches. Gracias.

Nos veremos de nuevo, en alguna calle.
En alguna fiesta. En otro lugar.
Nos sonreiremos, cómplices.

Piensen en un amigo que los quiere.

Y adiós.