jueves, 6 de enero de 2011

Audrey, en su casa

Tengo que reconocerle su valor a toda prueba a mi chaparra.

Ni yo hubiera aguantado tanto. -- prácticamente veinte horas (entre ida y vuelta) trepada en un avión y metida en una jaula tan pequeña como ella. Luego, el tren, y pasar semanas lejos de mí que andaba del tingo al tango, mientras ella era consentida a más no poder por sus abuelos y su Tía Bettina.

Pero ahora ya estamos en casa y todo es distinto: lo primero que hizo, fue tomar posesión de su sofá, semblanza de la normalidad abandonada por un mes, y retozar en él. "esta es mi casa," parecía decirme, con sus ojos de capulín bien fijos en los míos. "Esta es mi casa,  y no pienso irme de ella."

Audrey es la gran alegría de este -- de otro modo- solitario apartamento en lo alto de la ciudad. Es el termostato de cuatro patitas que calienta mi cama y el despertador sonriente que me levanta en las mañanas, con sus dosis irredentas de amor. ¿Qué sería de mí sin esta chaparra?

No tengo idea, pero créanme que tampoco me gustaría pensarlo.

Lo bueno es que ya estamos en casa y que no pensamos dejarla, al menos por un buen rato. Como a este espacio, que aún siento un poco extraño -- me siento aún demasiado consciente de que escribo en él y de lo que en él escribo- pero espero que poco a poco se pase. Que esto vuelva a ser, si no lo que fue,  sí lo que debería ser.

miércoles, 5 de enero de 2011

De Reyes

No es un secreto que yo no me llevo bien con los tres magos de Oriente.
No es novedad, aunque tampoco fue así siempre. Es algo que fue sucediendo a lo largo de los años, pero siempre en alguna parte, he conservado un trocito de fé. 

Mi madre nos enseñó a ser Reyes Magos por cuenta propia y el cinco de enero en mi casa, después de un tiempo, fue mucho más divertido. Es decir, dejé de sufrir porque no recibía lo que quería y empecé a dar lo que quería: era mucho más satisfactorio, aún si en casa ya no había nadie en edad de creer en los Reyes.

Esta noche de Reyes la voy a pasar en mi casa -- ¡mi casa!- y vamos a estar muy a gusto, Audrey y yo, solitos, pero contentos y en santa paz.

¿Y ustedes? ¿Le pidieron algo a los reyes?


domingo, 2 de enero de 2011

El largo y sinuoso camino.

Cuando ustedes lean esto, tanto la Audrey como yo estaremos en tránsito.
Es decir, iremos en camino de regreso a nuestra casa en Gijón. Hemos pasado el último mes en México en casa de Bettina, celebrando las fiestas de rigor, y viendo amigos. Audrey también ha hecho amigos (pero eso es algo que ella hace por doquiera que va).
La visita, aunque breve, fue bastante fructífera. Vimos a mucha gente, nos divertimos, dimos la lata y ahora, volamos hacia la "normalidad" (lo que quiera que eso quiera decir).
Me voy contento, no sin algo de tristeza -- pero eso viene con el territorio.

La próxima vez que escriba, será desde mi escritorio/mesa de Gijón, en ese último piso donde he creado mi casa y entonces les contaré un poco de lo que estoy haciendo, y de lo que voy a hacer.

Pero mientras, el largo y sinuoso camino México/Madrid/Asturias se extiende y se deja ver. Y nosotros, la pequeña y yo, lo seguiremos.

 Hasta entonces, queda esto como resguardo de nuestra vuelta...

sábado, 1 de enero de 2011

Rompe el hielo

Dieciséis meses.

Por un momento, pensé que iba a ser para siempre.

Pero, desde luego, sabemos que el "para siempre" no existe.  

Podemos decir que volvemos, aunque no podamos asegurar por cuánto.

Pero este día ostensiblemente se supone que es de principios.
 Y éste, más que otra cosa, es un principio.

No sé a dónde  vaya, pero voy.