jueves, 31 de agosto de 2006

Sutilezas de Tennessee Williams


Soy rendido admirador de Tennessee Williams.
Me parece que es uno de los más grandes dramaturgos del siglo XX y que su obra [que incluye textos inmortales como Un Tranvía llamado deseo, De repente en el verano (mi favorita), La Rosa tatuada, Dulce pájaro de juventud y La Gata en el tejado caliente, entre otras que hoy son clásicos] es de una vital importancia para capturar aspectos humanos y morales de la sociedad de su momento histórico, lográndolo de un modo que muy pocos autores teatrales pudieron, reproduciendo en sus escenas tanto la pasión como el patetismo.

Admiro sus diálogos brillantes y su manera de observar al mundo.
Sus personajes (Blanche, Stella, Maggie, Val Xavier, El Doctor Cucrowicz, Violetta Venable, Cathy, Laura Wingfield y su madre...) son todos fascinantes y humanos: derrumban la pared entre ellos y los espectadores y -- por un escalofriante y estremecedor y gozoso instante- ellos son nosotros.

Otro detalle que descubrí de él, a base de leerlo más minuciosamente, es que cada una de sus obras retrata sus propias e íntimas entretelas con sutileza y agudo humor... y algunas veces hace revelaciones que están ahí a simple vista pero que (por la época) tuvieron que maquillarse para esquivar al censor que habría sufrido una embolia si Williams hubiese hablado con más franqueza de la que le permitían.

Hay muchos ejemplos de esto, pero uno de mis favoritos está en labios de la inolvidable Amanda Wingfield en el segundo acto de El Zoológico de cristal:

"Why must you be so sad? When I was a young girl I was gay all the time!"

Naturalmente, Tennesssee.
Uno comprende.

2 comentarios:

Psiconena dijo...

Miguelón, increíble la cantidad de cosas que tenemos en común. "Verano y humo" fue una de mis primeras lecturas. Creo que el histerismo y la cursilería de Alma marcaron mi adolescencia, y neuróticamente, me identificaba horrores con ella. Un beso

Miguel Cane dijo...

Querida Viv,

Algo que recuerdo mucho de "De repente en el verano", es ese monólogo fascinante de Cathy en el que revela lo que le ocurrió a su primo Sebastian, cuando lo atrapó la turba de pillos callejeros y literalmente se lo comieron.

El simbolismo estaba muy claro: no necesariamente quieren comerte, pero hay gente que quiere comerte y situaciones que lo propiciarán, aún en un sentido meramente figurativo.

En "Verano y humo" recuerdo la desolación de Alma Winemiller; el horror ante la posibilidad de abandonar nuestro ser por un amor que no nos corresponde, o que peor tantito, nos va a hacer un daño del carajo.

Creo que todos (aunque los hombres digan yo no hemos sido, en mayor o menor medida un poco como Alma alguna vez. Especialmente en la adolescencia.

Por cierto, que en cine la hizo Geraldine Page y estaba (como en "Dulce pájaro", donde era Alexandra del Lago) ¡regia!

Qué placer tener otro detalle qué contrabandear, amiga.

Con cariño,

M