viernes, 31 de octubre de 2008

Cucos, Brujas...

...temibles personajes imaginarios...

¿A quién no le daban miedo esas cosas?

¡Y muchas otras! (La oscuridad, los mostros, el hombre del costal y en mi caso, los robots...)

Pero cuando crecemos, nuestro miedo lo toman cosas más inmediatas, sofisticadas y terrenales, aunque igualmente inexplicables: la crisis, el terrorismo, la corrupción, el cáncer, la gente mala e ignorante... pero nuestros temores más intrínsecos de la edad chirrisca siguen por ahí enroscados como víboras, esperando cualquier chico rato para desenroscarse y darnos un susto.

Anoche, sin ir más lejos, me desperté de pronto, sobresaltado. Estaba soñando, pero claro, como sucede siempre en sueños, no sabes que estás soñando. El caso, soñaba que yo tenía miedo. Un miedo terrible y pavoroso. Miedo a la calaca que llevo dentro [calaca, né esqueleto, calavera] y me asuste un chorro. Era una angustia terrible y opresiva.

Recuerdo que me miraba en el espejo y me imaginaba la calaca dentro de mí. ¡Era horrible! Le dije a Audrey que iba a ver a un doctor para que me la sacara. Audrey me respondió (con una voz tipludita y extraña -- no me imaginaba que tuviera una voz así, pero así sonaba, como una especie de la voz de Lisa Simpson pero más aguda) que le parecía una buena idea. No podía seguir con una calaca por dentro.

Entonces, un doctor me sacaba la calaca... y yo me sentía muy raro, como si no tuviera huesos (y claro, ¡no tenía huesos!) -- era como un globo desinflado. Y no podía caminar. Recuerdo la sensación de no tener huesos ni rodillas en las piernas y reptaba a todas partes. La Audrey a veces me arrastraba, como arrastra su mantita, pero luego la Audrey tenía algo importante qué hacer (me lo decía, con su voz de silbato, pero no recuerdo qué era) y me dejaba tirado. Y me daba angustia, porque la calaca que me habían sacado, andaba por ahí, lamentándose.

Luego desperté. Pero fue demasiado para mí.

Luego ví a Audrey, hecha un ovillo al pie de la cama, mirándome sin hablar, con su carita de '¿podemos dormir otro rato más?' y me empecé a reír y a reír y a reír.

Y así he estado, todo el santo día.

Ya no me asusta nada de lo que me asustaba cuando era niño. Creo que tampoco puedo darme el lujo de que me asuste lo que ahora asusta al mundo.

A estas alturas del poema, los cucos y brujas, igual que las calaveras, me pelan los dientes.

4 comentarios:

Mariluz Barrera González dijo...

Recuerdo que muy pocas cosas me daban miedo... pero cuando nació sofia fue increible la cantidad de cosas que a partir de ese momento me asustaban y sobre todo preocupaban... hasta manejar mi vehiculo me empezó a dar terror, morir era otra cosa que me preocupa pero mas aún el que algo le llegara a pasar a mi pequeña... es curioso por que siempre pensé que con la edad los miedos desaparecían y al crecer descubrí que fue al revez... con la vejez los miedos crecen y se complican.

Un beso y feliz día de muertos y calaveras.....

doña Jimena dijo...

...el diablo y sus legiones!!!

Dushka dijo...

Yo cuando era chiquita no le tenia miedo a nada. Fue despues que me converti en un ser lleno de angustias.

María dijo...

Me a parecido muy simpático todos los miedos que a estas alturas ya no le causan mas que risa pero bueno a quien le va dar miedo las boberías de la infancia, y de la traumada adolescencia, y el miedo que podamos sentir a estas alturas es por que algo malo hicimos y no queremos que nuestra sombra se entere para que no nos cause un dolor por perderla. pero bueno cada quien sus cosa hasta pronto.