miércoles, 8 de agosto de 2007

Sharon, mártir superstar


Dicen los que recuerdan, que los años 60 efectivamente se acabaron la noche del 8 de agosto de 1969, cuando en una casa en Bel Air, Sharon Tate fue asesinada.

Evidentemente, yo ni siquiera existía, no era ni un sueño de mi madre -- mis padres aún no se conocían- sin embargo desde que recuerdo haber oído la trágica historia de Sharon, ésta permanece en mi memoria, con iguales dosis de piedad y de pena. Nadie se merece un final así, aún si éste es no sólo inmerecido, sino inesperado.

"Siempre he creído en el destino”, dijo la rubia de evidente embarazo, actriz y futura mártir superstar de la cultura pop, durante lo que será su última entrevista, realizada en Roma, en mayo de 1969.
“La verdad es que nunca he planeado nada de lo que me ha ocurrido,” declaró. No imaginaba el irónico significado que adquiririán sus palabras pocos meses después.


Sharon Tate nació en Texas el 24 de enero de 1943, y desde pequeña comenzó a ganar concursos de belleza. Cuando las fuerzas armadas trasladaron a su padre a Europa, la primogénita siguió con su racha de coronaciones mientras sus ojos se alimentaban de flashes. No obstante, Sharon no era (como podría esperarse de una chiquilla cuya relación con el espejo era inextricable) vanidosa o superficial; por el contrario, cuenta la leyenda que, como contrapeso a su hermosura, la güerita se distinguía por poseer un proverbial corazón de oro, así como una notable sencillez.

De origen similar era el trío constituido por Susan Denise Atkins, Leslie Van Houten y Patricia Krenwinkel. Como Sharon, eran nacidas en hogares suburbanos de clase media alta y criadas en lo que se llamaba buenos vecindarios; eran populares y simpáticas, bailaban con la palomilla y jugaban volibol en la playa: literalmente eran de esas chicas de California a las que cantaban los Beach Boys.

Mientras tanto, Sharon había decidido ser actriz y acudía tenazmente a audiciones. Así comenzó su carrera como extra en filmes como The Sandpiper, estelarizada por aquel monstre sacrè de dos cabezas (una de ojos violeta) conocido como Liz y Dick. Fue en ese set que Sharon llamó la atención del productor Martin Ransohoff y éste la llevó a integrarse al elenco de Los Beverly Ricos (con lentes y peluca negra) y poco después a la película: El ojo del diablo. En ese rodaje, el destino hizo lo suyo: Sharon conoció en Londres a Roman Polanski, quien con sus siniestros filmes como Cuchillo en el agua y Repulsión (que convirtió a Catherine Deneuve en el monstruo más bello del mundo) había venido a traumatizar severamente a los directores de la nouvelle vague y era la sensación en la ciudad. Ransohoff era productor de La danza de los vampiros, e intercedió para que su protegida apareciera en el filme y, de ahí, al desayuno en la cama con champán.

Por su parte, la modosita Susan Atkins había cambiado drásticamente al morir su madre: ahora era rebelde sin casa, había ido a parar a San Francisco y vivía en Haight-Ashbury (la incubadora del movimiento hippie); Leslie Van Houten, en su último año de prepa, era capitana de las porristas y Patricia Krenwinkel había egresado de un internado católico.

Por separado, las tres conocieron a Charlie Manson, ex informante de la policía, ex convicto y proto-niño de la calle, entonces treintón, al que llegarían a adorar. A su vez, él las moldeó como arcilla, rebautizándolas como Sadie, Lulu y Katie, partes clave de lo que llamaría su familia.

Charles Milles Maddox era producto del sistema penitenciario de California, y desde los años cincuenta versado en las doctrinas de la cientología, religión concebida por L. Ron Hubbard. Manson se veía a sí mismo como profeta apocalíptico y hacía cocowash a los chavos que conformaban para él una amalgama de muchos ojos y manos; el arma ideal para desatar lo que él consideraba su solución final: una guerra entre blancos y negros, ricos y pobres, de la cual su familia emergería como la raza dominante. Esto se hizo evidente después, con la masacre que lo volvería célebre: hoy, a 38 años de su gracia, inexplicablemente, aún lo es.


Sharon y Roman se casaron en un evento multipublicitado, en Londres, el 15 de enero de 1968, convirtiéndose en una de las parejas más fotografiadas del mundo. Poco antes de la boda, ella participó junto con Barabara Parkins y Patty Duke (sí, la del show de TV donde interpretaba a "¡primas, primas idénticas!") en una película bastante pasada de vueltas que es considerada epítome del camp: El valle de las muñecas, donde aparece en todo su esplendor como una rubia suicida. Mientras tanto, él rodaba una de las cintas más importantes de la década: El bebé de Rosemary, en la que Sharon, que prácticamente "adoptó" a Mia Farrow cuando Frank Sinatra le aplicó el divorcio como llave de luchador, aparece por unos segundos durante la escena de la fiesta, muy brevemente -- si parpadean, no la ven.


Mientras tanto, Charlie —que con su prole se había instalado como ocupa en un rancho decrépito que había sido set de Westerns— descubría el álbum blanco de los Beatles y decidía que era hora de iniciar su revolución.

En el 10050 de Cielo Drive, en Bel Air, hoy no hay nada. Es un terreno baldío y bardeado, pero en el verano de 1969 había ahí una casa que había sido rentada por los Polanski a su regreso de Europa. En algún momento de la noche del 8 de agosto, Sadie, Lulu, Katie y un chico llamado Tex Watson desconectaron la electricidad de la reja y entraron al jardín, armados con un revólver y cuchillos de cocina. Según Lulu, habían consumido ácido, pero no está segura. Charlie sólo les había dicho que mataran a quien encontraran.

Ese día, Sharon Tate había entrado a su octavo mes de embarazo. Roman estaba trabajando en Inglaterra en la pre-producción de otro filme (El Día del Delfín, qe finalmente acabaría rodando Mike Nichols) y mientras él volvía, con ella compartían la espaciosa casa Woyjtek Frikowski, un cineasta polaco amigo de él, y Abigail Libby Folger, heredera de una cafetalera. Con ellos estaba Jay Sebring, ex novio de Sharon, estilista y corredor de autos.

El primero en saludar a Sadie y su pandilla fue alguien que estaba en el lugar equivocado y en el peor momento: un chico de 18 años llamado Steven Parent, amigo del vigilante de la casa, que había caído de visita sin avisarle. Después fueron eliminados Libby Folger y Frikowski, apuñalados más de 30 veces. Jay Sebring recibió de Tex Watson un balazo a bocajarro y su cabeza fue cubierta por una funda. Con Sharon se tardaron más.

Según relató Susan/Sadie en el juicio, como si estuviera orgullosa de ello, la señora Polanski pidió piedad por ella y por su bebé, en algún momento mientras recibía 36 cuchilladas. Ninguno sabía quién era mientras se mojaban los dedos en su sangre para escribir PIG en la puerta de la casa. Cuando se enteraron que era una celebridad, se pusieron felices. Charlie festejó con un asesinato doble la noche siguiente, lo que desató una ola de pánico y acabaría de un chingadazo con la década de los sesenta.

Sharon y su bebé, Paul Richard Polanski, están enterrados juntos en Los Angeles. Su madre, Doris, y sus hermanas Debbie y Patty fueron incansables partidarias para evitar que los asesinos (hoy cincuentones y acabadísimos) salgan en libertad condicional, toda vez que fueron permutadas sus condenas a cadena perpetua por el gobierno. Asimismo, Doris Tate fundó la asociación de familias de víctimas de asesinatos y dejó en ella la vida, demostrando que lo más importante para seguir es estar obsesionada con algo. Roman viviría otros dramas góticos tras quedar viudo y tardó un par de décadas en formar otra familia. Desde hace 29 años no va a California por aqué asunto de la prosti adolescente de tan aciaga memoria.

Charles Manson, alias Jesús, alias Satán, es hoy un vetarro que vive, bien cáscara y totalmente cucú, en la prisión de alta seguridad en Corcoran y dice que tiene las manos limpias, al menos de estos asesinatos. Que le hubiera gustado hacer algo más grande, más “significativo” para dejárselo de herencia a la historia. Aún compone y es más famoso que cualquiera de sus víctimas, aún la misma Sharon, cuya filmografía es (como ella) de culto, pero imposible de encontrar en video actualmente. Quizás lo más impactante sea que Charlie aún ejerce influencia sobre algunos seguidores aferrados al viaje, como la espectacular Lynette Squeaky Fromme (loca folcloroide que ameritaría un escrito para ella solita) y sobre las generaciones que hoy, inexplicablemente, lo ven como un antihéroe, hijito incomprendido del american dream.

Pero como sea: donde Charlie se vuelve decrépito, la starlet se ha transformado en una madonna con niño salpicada de sangre y bañada en lágrimas, con la sonrisa de un millón de dólares capturada en celuloide y papel Kodak. Su belleza brilla ad aeternum como mártir de la cultura que le nutrió los sueños y como monstruo se la comió.

4 comentarios:

VIVIANA dijo...

Te cuento Miguelón, que yo era una pequeña bebé de 15 días cuando ésto sucedió. Obviamente no lo recuerdo, pero mi mamá me ha contado del impacto que le causó, especialmente porque ella acababa de convertirse en madre.

Son de esas cosas que no se explican. Si ese bebé hubiera nacido, tendría mi edad justamente. Ese verano pasaron muchas cosas. Este brutal evento y la llegada del hombre a la luna sólo tres días antes de que yo naciera (por poco me toca la suerte de llamarme Selene)

En fin, hay muchas cosas que ni el tiempo puede poner en perspectiva.

Un besito

Anónimo dijo...

Y yo tambien te cuento que estaba a horas de nacer... ¿que cosas no?.. una bebe moria en el vientre de su madre mientras yo ya empezaba a hacer mi chamba para salir al mundo.

Cada que leo historias como la de Sharon u otras (antier vi una pelicula de un pintor Italiano que muere y por lo mismo su esposa se suicida al dia siguiente con un bebe de 9 meses sin nacer) me pongo realmente mal. Quizas hace algunos años no, pero ahora que soy papa veo las cosas de manera diametralmente diferente.

No alcanzo a comprender como hay gente tan estupida (mas que mala PENDEJA) que puede cometer cosas como esta.

Saludos Miguel y felicidades, es un estupendo escrito.

Toño.

Anónimo dijo...

El mal es proactivo...

Y yo tenía 14 años cuando pasaron los hechos y recuerdo la reacción.

No se si allí se murieron los 60... Mas bien me parece que, en ese hecho, esa década enseñó lo que estaba "Behind the Mask" (Fleetwood Mac dixit) junto con la Guerra de Vietnam y los rollos del 68 en varios países.

Pedro Bejarano dijo...

Miguel, me acuerdo de nuestro episodio en TO2, cuando encontré las fotos de la escena del crimen, no se me olvidará tu cara cuando me dijiste "es algo que jamás veré"... cinco minutos más tarde te venció la curiosidad.... Saludos trasatlánticos