sábado, 11 de agosto de 2007

Y por eso fue que huí.


Mucha gente no me cree cuando digo que soy realmente tímido.

Me cuesta mucho trabajo poner una fachada venal, especialmente en circunstancias que no puedo navegar; hay momentos en los que mi timidez me paraliza y me aisla.

No sucede con frecuencia, pero cuando ocurre es un momento agotador física y psíquicamente para mí, ya que requiere toda mi concentración para no quebrarme o quebrantarme.

Me supongo que, por mi línea de trabajo, o en concordancia con lo que escribo, hay quienes piensan que disfruto enormemente de las fiestas. La verdad es que una reunión que excede las diez o doce personas que conozco, es lo que puedo manejar con naturalidad. Hay veces en que reuniones más pequeñas me provocan una profunda sensación de ansiedad.

Entonces, para que no me de un ataque de pánico, tengo que mentalizarme: visualizar el salón o el restaurante o la calle misma, como un punto vacío. Por desgracia, no todo el mundo consigue entenderme. Aparezco, si no me "integro", como un arrogante, o como un majadero, cuando la verdad es muy distinta.

No sé a qué se debe esto; tiene su raíz, supongo, en las inseguridades conquistadas -- aunque no del todo-, la horrible sensación de ser menos que algo, que alguien. Tuve que crecer con esa horrible sensación durante toda mi vida; no sólo en mi casa, sino en todos los ámbitos.
Hago un acopio de fuerza para no sentirme vulnerado, pero algunas veces, esto no es posible. Las circunstancias se fabulan en mi contra y no puedo evitar sentirme así.

A veces, tengo que huir. Desaparecer, para no arruinar de peor manera momentos en los que donde otros están pasándoselo bien, claramente yo estoy intimidado, amgustiado y físicamente hasta adolorido.

Si me voy sin dar explicaciones, de repente, es porque me está doliendo.

Hoy me expongo, porque quiero disculparme por hacerlo algunas veces.

No han sido ustedes,
soy yo.

4 comentarios:

Viviana dijo...

Miguel:

Los que te queremos, te entendemos y aceptamos como eres. Todo tú.

Besitos cariñosos

Cobayo dijo...

Me suele pasar lo mismo. Y uno siempre queda mal por ser tímido. Creo que la gente siempre piensa demasiado...

Addalina dijo...

Coincido con el comentario de que a veces los demás (incluso nosotros mismos) piensan demasiado. Hace un par de días un amigo me dijo "no veas cosas que no existen" porque, efectivamente, yo sólo interpretaba.
Es terrible cuando los demás interpretan nuestras actitudes, tendríamos que andar aclarando cada gesto, cada actitud, cada cosa y es verdaderamente imposible. Sin embargo, creo que la gente va aprendiendo (al menos los que en verdad desean hacerlo) y entonces logran conocernos y aceptarnos.
A mí tampoco me creen que soy tímida, quizá porque sólo ven mi carácter fuerte (actitud que a veces tomo para protegerme) cosa que, en realidad sí tengo, pues trato de tragarme la timidez cuando se refiere a defender mis ideas o mi persona.
Es muy difícil cuando toda tu vida la has vivido con esa timidez u otras características de la personalidad que hace que nos vean como raros, pero si algo me consuela, es que somos muchos los raros y algunos tenemos la dicha de encontrarnos y hacer coincidir nuestros caminos misteriosos.
Te puedo decir que, aunque no te conozco en realidad, me parece que más que tu timidez y tus actitudes (que no puedo ver) la sensibilidad de tu alma es la característica más importante y que todos deberían ver.
Te abrazo fuertemente.

Addalina dijo...

Me tomé el atrevimiento de poner un link a tu blog desde el mío, pues son voces que, según yo, deberían ser escuchadas.
Besos