domingo, 6 de enero de 2008

Persépolis

A las doce de la noche abrí mi "regalo de Reyes".
Se trata de la edición definitiva de Persépolis, la novela gráfica en cuatro tomos creada por Marjane Satrapi, que se ha convertido desde su aparición en Francia, en 2001, en uno de los libros más alabados por la crítica internacional -- no es que me deje llevar siempre por las reseñas para elegir lo que leo, en este caso, antes de leer las críticas ya me había hablado de ella con cariño un muy cercano amigo, y por ello fue que con invisible disfraz de Rey Mago, fui hace unos días a la librería Paradiso [mi favorita en Gijón] y me lo compré - y la obra que puso en el mapa a su autora.

Me metí a la cama con él (con el libro, no con mi amigo, ¡malpensados!) y no pude soltarlo hasta que se me cerraban los ojos. Hoy, hice algo poco habitual en mí: me lo llevé conmigo al salir a la calle para poder seguir leyendo, mientras caminaba.

Persépolis no es una novela gráfica (o bien, cómic) cualquiera: se trata de una autobiografía ilustrada sobre la propia experiencia de Marjane, nacida el 22 de noviembre de 1969, durante y después de la revolución islámica de 1980.
La historia de la infancia de Marjane, es en cierto sentido, la de muchos de nosotros. Por supuesto, yo no pasé por ocho años de guerra, pero sí me fui a un exilio voluntario (como más o menos hace ella, en su época de adolescente) y tuve que aprender a vivir sin mi familia cerca, en cierto modo, creando una especie de familia en mi entorno, igual que ella aprende a hacer. Del mismo modo, Marjane ilumina al lector al respecto de las causas y consecuencias de la revolución: el Ayatollah Khomeini no apareció un buen día y empezó una dictadura; hay una larga y compleja historia de Irán (né, Persia) y sus vecinos, Irak y Kuwait, razones y motivos para todos los conflictos y un aspecto revelador de la vida en la dictadura o bien, bajo el velo: no todo es como lo pinta la amarillista y estridente película con Sally Field ('No sin mi hija'), pero tampoco es un lecho de rosas.

El ser una mujer luchadora, liberada, creativa y directa en un país como Irán es un mérito muy grande y aunque Marjean Satrapi no pudo seguir en su país, no quiere decir que no lo amara. El libro se devora casi en una sentada, como un postre exquisito, que uno quisiera prolongar para siempre: tiene todos los elementos que hacen no sólo una gran autobiografía, sino gran LITERATURA: profundidad y liviandad; humor y patetismo, horror y ternura.

Persépolis existe, palpita, se deja leer y ver. Es una obra para niños mayores, para adultos con el corazón de niño y para todo aquél que sí recuerda y que teme que la historia, al ser olvidada se repita.

Tengo una nueva heroína, entonces, y además uno de los mejores regalos que me han "traído los reyes", levantándome el ánimo al despertar (bien tarde) un día en que, de otro modo, habría despertado de malhumor, o triste o sintiéndome como un malagradecido o algo desencantado -- ya saben, la fuerza de la costumbre.

O quizá todo junto.

Pero leerlo ayuda.
Alivia.
¡Ya lo creo que alivia!

4 comentarios:

Sebastiana dijo...

Hmm... sounds like something we should read

Viviana dijo...

No hay como los libros para cambiarnos el estado de ánimo. ¡Qué bueno que te hiciste ese regalo!

Te mando un beso de reyes desde acá...

MARICHUY dijo...

Y si te hubieras metido a la cama con los dos, tu amigo y el libro, creo, ¿seré yo la “malpensada”?, (vaya concepto tan propio de “dama de la vela perpetua”… y panista) que difícilmente habrías avanzado tanto en la lectura.

Acá en México ni asomo del libro, ni del filme; en materia cinematográfica nuestra vecindad y jodida dependencia con los gringos, nos han hecho 100% Hollywood (y del peor Hollywood para colmo); del restante mundo fílmico apenas a cuentagotas y no necesariamente el mejor.

vanegra dijo...

Ahora si que como tu, yo me regalé de fin de año ver la plícula acompañada de seres muy queridos y me pareció fantástica, sin embargo ahora con tus comentarios me han dado ganas de buscar y leer el libro.
¡Se que será una grata experiencia!
Vanessa H.