jueves, 10 de enero de 2008

El Mañana de Las Fiestas

Es sorprendente que aún después de todos estos meses, Las Fiestas sigan caminando por ahí, rehusándose a terminar en un estante polvoso en algún almacén. Continúan su éxodo milagroso y siguen siendo leídas.

A continuación, me gustaría compartir con ustedes una reseña escrita por mi colega Lilián López Camberos (de la Revista La Mosca), con quien he sido afortunado de compartir no sólo páginas, sino también algún whisky y algunas distinguidas amistades. No soy afecto a hacer esto (blowing my own horn) pero me gusta, y me gusta mucho, así que aquí se las pongo para que puedan leerla.

"Estás atado y amordazado, mientras se come tus intestinos y tus venas, las mordisquea y chupa la sangre, es un parásito que te consume todo, y no puedes hacer que se detenga. Sólo despiertas en la madrugada y lloras, y lloras y lloras hasta que crees que ya no puedes llorar más pero igual tú le sigues, porque no hay modo de parar.

Estefanía Larios, una semidiosa ataviada al estilo Jackie Kennedy va a Dallas, compara el amor con un tumor que duele en el cuerpo, en algún sitio indefinido, un dolor que pronto se convierte en el clima de la vida. O peor, porque antes “sólo ha estado dentro de ti; pero ahora estás dentro de él”. Con una intrepidez arrebatadora (casi dolorosa), y una fuerza narrativa que con justa razón ha sido elogiada a pesar de ser ésta su primera novela, Miguel Cane escribe Todas las fiestas del mañana con la certeza absoluta de que el amor y el sufrimiento se funden para al final volverse indistinguibles uno del otro.

Una historia fragmentada que revele a cuentagotas los matices y las esquinas de un secreto que encierra en sí mismo la magia del amor postergado: Luciano Reed es un crítico de cine que ama con intensidad y coraje; tanto más difícil en su caso: un joven gay en un mundo dominado por aquellos que salvaguardan las buenas costumbres y prefieren todo, dejarse matar incluso, antes que perder la compostura. En ese viaje que, en cierto modo, es su vida misma y en el puente que separa un acontecimiento de otro, Luciano se ve reflejado también en los demás: Estefanía, su amiga de siempre, su confidente y hermana; Isabelle, de belleza no tan etérea pero sí más terrenal (a ella “sientes que puedes tocarla”) y, por fin, Alejandro Almanza: el objeto de deseo impreciso y volátil cuyos sentimientos son todos ininteligibles y desconocidos, y por lo tanto más deseados y preciosos.

La novela, como es de suponerse, transcurre íntegra en fiestas. Una boda, una presentación de algo (los motivos no importan; la celebración, sí), una comida en un jardín japonés… Lugares disímbolos que contrastan entre la frivolidad y la profundidad, entre el glamour y la miseria, el amor y el desamor. Miguel Cane conoce este mundillo que se quiere elitista y que al final termina siendo vulgar y ramplón; lo describe con algo más que cinismo, sin admiración, para demostrar que en la superficie sólo está sostenido por alfileres. Para demostrar acaso que, al final, lo único que permanece son los sentimientos que se proponen ser sinceros y que se lo juegan todo por una certeza.

Plagada de referencias cinematográficas, musicales y literarias (toda una vida representada mediante metáforas y alusiones), Todas las fiestas del mañana es algo más que una novela posmoderna –lo que sea que el término signifique. Sí, retrata una generación desencantada que huye del amor con el mismo fervor con el que lo busca, una generación fundada en las apariencias y las sensaciones rápidas, una generación eternamente deprimida que quema todos sus cartuchos demasiado pronto, porque simplemente no puede esperar. Sin embargo, lo que la distingue de otras historias del estilo es el afán del autor por demostrar una tesis que es, por lo menos, en extremo passé. En este mundo sin tiempo, sin ilusiones, sin moral (el proverbial árbol que da moras), creer que el amor es la única salvación… tiene que ser ingenuo y pasado de moda. Pero no para Miguel Cane, y no para Luciano Reed, con todo y su imperfección. De hecho, el que el personaje principal sea tan temeroso, tan anticuado y tan renuente a las aventuras es lo que lo hace universal. Cualquiera podría sentirse un poco como el hombre cuyos recuerdos son capaces de provocarle una crisis nerviosa y un torrente de lágrimas y culpas que no puede acallar con nada. Porque en el fondo todos habitamos, sin cuotas y de por vida, en nuestro propio jardín de la soledad.

Si todos tus mañanas comienzan aquí, como sostiene Cane a lo largo de la obra, se está haciendo tarde para vivir una vida verdadera… Una en la que podamos elegir el amor y la forma en que queremos experimentarlo. Después de todo, las fiestas quedan para el mañana."

ººº

Que esta novelita sea leída y genere reacciones es algo que -- citando a un amigo escritor- no cesa de provocar en uno una sensación como de milagro; es algo que va más allá de nosotros, que muy poco (uno piensa) tiene qué ver con nuestro oficio de escritores; yo narro una historia y luego alguien más la leerá, pero ya no será cosa mía. Sin embargo, no deja de sorprenderme (y de entusiasmarme) la reacción de gente que incluso no me conoce muy íntimamente, sobre algo que me expone. Eso me ocurrió también hace unos días, cuando recibí por e-mail este comentario de José Luis Argüelles, un amigo poeta y periodista muy reconocido aquí en Asturias, que le agradecí enormemente (igual que a Lilián su reseña) y que también me hizo el día:

"¿Me dices en serio que es tu primera "historia"? Parece difícil de creer, porque la "carpintería" de la narración es la de alguien a quien no le tiembla la mano y sabe poner los "clavos" allí donde se necesitan. La verdad es que está muy bien estructurada y el relato (lo que cuentas) crece con la prosa, de gran nivel en muchos momentos.

Has asimilado con provecho algunas influencias (detecto algo de Virginia Woolf, también a Capote...) y lo que encuentra el lector es un estilo propio, es decir, una voz personal que cuenta una historia nada fácil en la que se entreveran luces y sombras, joyas y cieno, fiesta y desolación, como en algunas páginas del gran F. S. Fitzgerald."

ººº

Y además, me acabo de enterar que ahora, par beneficio de todos los que han preguntado por ella y viven fuera, Las Fiestas también se consiguen en Amazon.com (pueden hacer click aquí y los lleva directamente a la página), lo cuál es, en sí, como un pequeño sueño hecho realidad.

No puedo evitar emocionarme y compartirlo con ustedes, que vienen a leer en esta ramita de un árbol tan inmenso como es la blogósfera. Quizá soy vergonzosamente vanidoso y superficial al hacerlo, pero no me importa. Algunos de ustedes tienen hijos; yo sólo tengo esta novela (por ahora) y cada paso que da en su andar, no deja de tocarme de algún modo, ser un casi esquivo pretexto, para otra fiesta...

8 comentarios:

Cuquita la Pistolera dijo...

¡Qué buena reseña! Comparto todas esas apreciaciones... Y que la vendan en Amazon ya significa que se ha globalizado. Otra vez felicidades.

Viviana dijo...

Congratulations, darling!! Estoy totalmente de acuerdo. Yo siempre te he dicho que tu estilo me cautiva. Siempre tengo que terminar de leerte.

¡Qué gran orgullo también ser un "autor internacional"!

Eres mi héroe literario, que no es cualquier cosa.

Besitos fiesteros.

Anónimo dijo...

Todo lo positivo que se ha escrito, se escribe y se escribirá sobre esta novela está muy bien merecido.

¡Felicidades Miguel!

,,,,,,,

Anónimo dijo...

Por eso y muchas cosas mas eres mi orgullo. te amo y te extraño muchisimo.
tu fan numero 1. c.p.

Miguel Barrero dijo...

No sé cómo será de dura tu reseñista mexicana, pero que el señor Argüelles te diga eso es todo un cumplido.

Abrazos.

Dushka dijo...

Buenisimo! Felicidades!

Patricia dijo...

Elogios merecidos para una novela muy esperada. Ojalá tu novela siga su camino como hasta ahora.

¡En este caso un poco de vanidad es más que justificada!

Un beso
P.

Emilio dijo...

¡Muchas Felicidades!