sábado, 2 de febrero de 2008

El pequeño león con gafas

Cuando llegué a España, la primera vez que vine, hace algunos años, la primera (tímida pero bien sincera) sonrisa amistosa que encontré, fue la suya.

De eso ha pasado mucho tiempo, pero me acuerdo bien. Tanto como recuerdo una tarde de lluvia en el Café Caracol -- yo llorando, igual no llovía- y el té con leche y su comprensión dulcísima y su solidaridad mientras yo me disolvía. Su entereza ante mi desconcierto y mi temor y su apoyo y sus directrices para poder salir de ahí sin más lágrimas y hasta sonriente.

Igual recuerdo cuando vine la segunda vez, verlo al otro lado de la calle, en Madrid -- nos conocimos en Madrid, los tres, ¿recuerdas?- el mismo día que yo había llegado. Y recuerdo el tren y recuerdo la playa -- siempre con Jack, claro, siempre fuimos (¿somos?) tres como los Stooges, los Mosqueteros, los Caballeros y las Hermanas Chekhovianas- a medianoche y sus amigos los gemelos franceses que (según yo) eran gigolós que se intercambiaban o bien, se contrataban con alguien que tuviera la fantasía de estar al mismo tiempo con dos personas idénticas.

Con Lusin me reí y lloré y vi películas (¡en Festival!) y caminé muchísimo y conocí mi barrio, antes de que fuera mi barrio. Él es, lo sabe, uno de los síntomas -- no causa, pero síntoma- de que yo esté aquí.

Gracias a su generosidad y sensibilidad, he abierto mis oídos a otras músicas (le debo haber descubierto a Arcade Fire, por ejemplo) y su poesía -- sí, es poeta- me resultó sumamente inspiradora, hasta el punto de integrarse a mi trabajo.

Ya conoce a mis padres, mientras yo viajaba por Egipto, comió y durmió en la casa en que vivíamos (la casa en que crecí), mientras viajaba por México, en pos de un espejismo que se hizo real. Es de espíritu inquieto y viajero. Supongo que un día me escribirá desde Dibjouti o Samsara o Tierra del Fuego. No lo sé, pero lo intuyo: va a echarse a volar.

Es el más joven de mis amigos, y con él tengo un lazo de confianza que me honra (sobre todo, porque otros podrían haberme temido y lo han hecho -- no soy temible, pero no soy ajeno a inspirar miedo tampoco). Es generoso y es tierno como un niño, pero también es enérgico y vivaz y sensacional. Y paciente y sereno y lleno de furia cuando hace falta.

Hace algún tiempo, me hizo prometerle algo, que cumplo todos los días sin falta. Él sabe lo que es.

Le debo mucho y con esto no comenzaría ni siquiera a pagar el depósito. Es el más pequeño de mis hermanos y el más grande de mis hijos. Es mi amigo, es el pequeño león con gafas. Y estamos -- porque los que lo queremos somos muchos- muy orgullosos de él.

Feliz cumpleaños. La muchachada te piensa y te quiere.

Y estas canciones, a manera de modesto ramo de margaritas, son para ti.

Felices los felices, Kimba Baby.

celui qui est mon petit lion bien aimé ?

2 comentarios:

El aludido dijo...

Qué puedo decir, simplemente un millón de gracias. La banda sonora, inigualable. Espero que se cumpla y poder escribirte algún día desde cualquiera de esos lugares.

Abrazos,
león con gafas

g. neidisch dijo...

Debe ser fantástico que se acuerden de uno de forma tan chingona...
te digo mis fechas de cumpleaños por si acaso? No, vas a decir que soy un resbaloso. Sabes que anoche...? Hm, mejor lo digo en privado.