martes, 6 de noviembre de 2007

Extraños caminos del amor

Cuando se habla de Juego de Lágrimas/The Crying Game, hay que dejar muy claro que más allá de la controversia que causó en su estreno hace quince años – y que aún hoy suscita en algunas esferas- esta es una cinta estupenda, que trasciende los elementos de violencia, miedo y sorpresa que la componen para tratar temas más universales y emotivos, presentes bajo la superficie.

Escrita a fines de los 80, aunque filmada hasta 1991, en una época en que Neil Jordan pasaba apuros económicos (las dos cintas que realizó después de En compañía de lobos y la exitosa Mona Lisa, misma que lo “puso en el mapa” en 1986, fueron estrepitosos fracasos de taquilla y crítica), Juego de Lágrimas se titulaba originalmente La Esposa del Soldado y tenía una trama mucho más convencional, aún pese a sus peculiaridades.

La idea de Jordan era realizar una cinta de bajo presupuesto que redituara ganancias rápidas para pagar deudas y mantener su compañía productora a flote. Originalmente pensó en llevar a Stephen Rea (su actor de cabecera desde 1980, mas no su pareja sentimental como algunos afirman; ¿no será que también Scorsese y DeNiro son amantes? Con eso de que trabajan tanto juntos…) y Cathy Tyson, la hermosa actriz negra que fue la protagonista de su éxito anterior, en los roles principales como un ex terrorista fugitivo del ERI y la viuda de una de sus víctimas, que se involucran en una relación sexual involuntariamente, con las autoridades y los rebeldes pisándoles los talones al mismo tiempo: en suma, una historia de acción y suspenso, con toques eróticos y fuerte carga política, lo que la hacía material muy comprometido.

Durante el largo proceso de pre-producción, Jordan encontró que era bastante difícil encontrar financiamiento debido a que algunos estudios la consideraban pasada de moda y otros, demasiado polémica. Fue entonces que se le ocurrió añadir el elemento clave hoy de todos conocido, lo cuál brindó una complejidad inesperada al argumento y también atrajo apoyo financiero que le permitió explorar algo que en primera instancia jamás había cruzado por su mente antes.

Tomando su título de una canción pop de 1964 interpretada en Reino Unido por Dave Berry y en Estados Unidos por Brenda Lee [esto porque presuntamente Stanley Kubrick aconsejó a Jordan que cambiara el título, dado que, según él, al público no suelen resultarle atractivos filmes con connotación religiosa o militar], que figura de manera prominente en la anécdota, la cinta abre en el momento en que Fergus (Rea) y Jude (Miranda Richardson, cuya tersa hostilidad es inquietante), miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA en inglés), capturan a Jody (Forest Whitaker), un soldado británico, en una feria de pueblo al norte de Irlanda.

Su misión es mantenerlo en cautiverio hasta que unos presos políticos sean liberados a cambio de él. Fergus es asignado a vigilar al prisionero y sin que se lo propongan, surge entre ambos una simpatía común que los hace verse como seres humanos aún pese a lo extremo de la situación. Esto sirve para conocer de cerca al personaje de Fergus, en torno a quien gira la trama.

Tal y como lo interpreta Rea, éste es un hombre cuya naturaleza es noble y bondadosa, pese a la violencia de sus actos o lo errado de sus decisiones. Su lealtad a un fin es lo que lo ha llevado a cometer el secuestro y sin embargo, no puede evitar establecer un rapport de empatía con Jody. Los momentos entre ambos están salpicados de humor y patetismo, incluso de angustia, conforme se va haciendo claro que no habrá negociaciones y que Jody tendrá que ser ejecutado. Es durante una de sus largas conversaciones, que surge uno de los temas patentes de la cinta, en forma de una anécdota acuñada por la filosofía popular (mas no por ello menos profunda): la fábula de la rana y el escorpión.

“Un escorpión quería cruzar el río y pidió a una rana que le ayudara a hacerlo, llevándolo en sus lomos. La rana se rehusó diciendo que la picaría con su aguijón y ambos morirían. ‘Lo harás porque es tu naturaleza’. El escorpión prometió no hacerlo y la rana aceptó llevarlo. A mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana y ésta le dijo ‘¿por qué lo has hecho? ¡ahora moriremos!’ y el escorpión repuso que no pudo evitarlo: era su naturaleza”

Este ejemplo ilustra al personaje del terrorista: su naturaleza le impide ser cruel con su cautivo y éste le hace prometerle que, suceda lo que suceda, irá a buscar a su novia en Londres para asegurarse que ella está bien. Fergus se muestra reacio a prometer nada, pero un abrupto cambio de planes hace que termine como prófugo, tanto de los ingleses como de sus correligionarios, por lo que escapa a la capital británica, donde se inventa una nueva identidad como albañil y finalmente hace lo que Jody le pidió, sin imaginar las consecuencias.

La presentación que hace Jordan de Dil (Jaye Davidson), la novia de Jody, es uno de los trabajos de caracterización en la narrativa más brillantes en memoria reciente. Cuando la vemos por primera vez, como estilista en una peluquería de Londres, luce como una joven de origen ciertamente exótico: es una mulata atractiva, que con más ingenio que recursos, establece una mística chic en su atuendo y porte. Es elegante a su manera y “escandalosa, más nunca vulgar”, amén de que posee un fino sentido del humor – y, como se verá más tarde, de la ironía.

Fergus – bajo el alias “Jimmy”- no puede evitar sentirse prendado por ella, siguiéndola a un bar donde es asidua y donde incluso, en una ocasión, canta el tema titular, para beneplácito de la clientela y del barman, Col (el entrañable Jim Broadbent), una especie de tótem benévolo que ve con buenos ojos la presencia de “Jimmy” como una buena influencia para Dil, a quien el hombre misterioso que la sigue no le es indiferente y pronto se va estableciendo entre ellos una suerte de cortejo, que tomará derroteros inesperados.

En un imperdonable arrebato de soberbia estúpida, el hoy extinto crítico de cine Gene Siskel (que hacía mancuerna con Roger Ebert) reveló el secreto de la película cuando ésta se estrenó en Noviembre de 1992. El propio Ebert censuró esta actitud de su socio. En ese momento, era crucial que el público no supiera qué sucede a la mitad de la película y que cambia drásticamente el tono e inclusive el uso del lenguaje cinematográfico para contar lo que sigue, sin que la película decaiga en ningún momento.

Hoy, pasados tantos años y debido al hecho de que tanta gente la vio y muchos, aunque jamás la vieron, saben de lo que trata, ya no es tan abominable el explicar que Fergus, cada vez más atraido por Dil –criatura complicada, vulnerable pero a la vez poseedora de una fuerza innata, que es capaz de reinventarse a sí misma cuántas veces sea necesario para poder seguir viviendo-, debe confrontar todos sus criterios y principios cuando descubre la verdadera naturaleza del objeto de su pasión, un ser evidentemente femenino, más que afeminado, cosa que definitivamente no es y en eso se basa el éxito de su interpretación y de sus efecto en la historia.

La reacción básica inmediata de Fergus es de shock y repudio, ¿cómo evitarlo si es precisamente lo que su crianza católica le ha inculcado a piedra y sangre? Sin embargo, Fergus se ha enamorado de Dil, quizá desde que la vio en la fotografía que Jody cargaba en su billetera. No puede evitarlo, aún si lo intenta. Y más allá de la culpabilidad que pueda sentir por el pasado, Fergus acepta que el corazón tiene sus propios motivos y que no entiende razones y muchas veces traiciona nuestros propios deseos; el corazón quiere lo que el corazón quiere y punto.

Revelar más de lo que sucede – especialmente cuando Jude reaparece en escena- sería pedestre y de mal gusto; baste decir que aún después de la impactante sorpresa principal, hay otras más que Jordan supo bordar muy bien en su trama.

El punto a analizar es precisamente el que Jordan plantea: la relación entre Fergus y Dil es profundamente simbólica en muchos niveles: The Crying Game es lo mismo una enternecedora historia de amor (del mismo modo en que lo son cintas tan disímbolas como, por ejemplo, Rebecca, Midnight Cowboy o Lost in Translation: ninguna tiene nada en común con la otra y sin embargo todas abordan el tema del amor y sus despropósitos a su manera), que un thriller, un melodrama, una comedia romántica (los elementos y el humor – aunque ligeramente más seco de lo que se espera en tales casos- están ahí, presentes incluso en el glorioso epílogo), una alegoría política y también un estudio psicológico muy interesante de la pareja principal.

Cinta de múltiples lecturas en cada vista, su éxito inesperado logró salvar a Jordan del fracaso y le ganó un Oscar por mejor guión, así como le dio una nueva oportunidad de crear lo que es su obra maestra: The End of The Affair (1999). Sin embargo, en su canon, ésta mantiene un sitio muy especial, aún si ha resultado en que muchas veces sea señalado – principalmente por ignorantes y prejuiciosos- como un cineasta gay, desde entonces.

Más allá de sus preferencias sexuales que únicamente atañen a él [aunque aquí entre nos, el señor es casado dos veces y tiene cinco hijos] Jordan es un artista creativo de enorme sensibilidad que ha explorado las distintas facetas de múltiples personajes en su trabajo fílmico: he ahí el romance de la pareja dispareja conformada por Fergus y Dil en Juego de Lágrimas; el ama de casa atormentada por alucinaciones premonitorias (Annette Bening) en el infravalorado cuentito gótico In Dreams; el niño esquizofrénico que sólo desea ser amado – aunque de manera voraz- en The Butcher Boy; la familia vampírica y sexualmente ambigua de Entrevista con el Vampiro (uno de sus esfuerzos menos logrados), el joven travesti (Cillian Murphy), mezcla de Alicia y Dorotea que busca la dicha en el Londres de los 70 en Desayuno en Plutón; las arrebatadoras escenas de la descomposición de un amasiato entre Julianne Moore y Ralph Fiennes, según Graham Greene en The End of The Affair o el chofer exconvicto (Bob Hoskins) que adora a una prosti de lujo en Mona Lisa.

Su trabajo es extenso, pleno de emociones humanas y de una inteligencia poco habitual en el mundo del cine. Con su trabajo en Juego de Lágrimas, logró establecer una cinta que trata con dignidad a sus personajes y pese a su sensacionalismo (que lo tiene, naturalmente) no los explota ni exhibe como fenómenos de feria, convirtiéndose en un clásico de la cinematografía contemporánea, que se yergue muy por encima de las especulaciones y habladurías de quienes nunca la entendieron, sentando un ejemplo de narración mediante imágenes y de impecable realización, para generaciones futuras de cinéfilos y cineastas, que harán bien en estudiar esta modesta y fascinante joya, que superó toda adversidad – como sus protagonistas- para finalmente y por muchos en el mundo, ser apreciada y, ciertamente, aún hoy, muy amada

4 comentarios:

Champy dijo...

Un gran trabajo compadre.
El tuyo.

De Neil, hay mucho por decir, a pesar de que abarcas bastante.
La bastedad de su obra la dejas muy bien planteada, los picos resultantes no alteran la diversidad abarcada......The end of the affair...mmmmm, su gran obra la llmas? Quizá sí, más no consiguió el impacto generacional provocado por lo ya descrito con The crying game.....sabes que? quizá me quedo con The butcher boy por obvias razones.

Me parece que tambien ganó mejor canción original no es así?

Te la rifaste.

Anónimo dijo...

Aplausos, más aplausos...

Me encantó...

Juan Jose Colin dijo...

Una pelicula excelente! Gracias Miguel!

Senses & Nonsenses dijo...

un trabajo excelente. superior a 'desayuno en platón' con la q tiene mucho en común. 'MonaLisa? tb me gustó mucho.

un abrazo.