sábado, 5 de abril de 2008

Todo sobre Bette

Nadie fumaba como Bette Davis.

Esa es la imagen primera que se conjura en la cabeza al verla aparecer en pantalla, con el infaltable cigarrillo entre los dedos y una espiral de humo que se eleva hacia el cielo. Pero antes, como un antifaz, oculta (y al mismo tiempo revela) su mirada. Esos ojos. ¡Qué ojos!

Nadie podría decir que Ruth Elizabeth Davis (o bien, Bette, pronúnciese Bet-ti, y no Bet, que le molestaba profundamente), nacida el 5 de abril de 1908 en el seno de una familia complicada en Massachusetts, era una mujer hermosa, de hecho era convencionalmente fea, y sin embargo era imposible no mirarla cuando hacía su aparición y despegar la mirada de ella. Controlaba la cámara con absoluta naturalidad. Su mística incluso trascendía al medio; hacia el fin de su vida ella era un personaje.

Donde Ingrid Bergman era una santa, luminosa y bellísima, Greta Garbo la diva inaccesible, Katharine Hepburn la presencia magistral, Joan Crawford la estrella por excelencia, Grace Kelly era literalmente una princesa, Ava Gardner el animal más bello del mundo, Anne Bancroft la irresistible seductora con quien muchos fueron a perder la inocencia y Audrey Hepburn la novia con la que todo mundo soñaba, la Davis era algo completamente distinto: lo mismo era una mujer sin escrúpulos, que una mártir abnegada, una cómplice hilarante o un verdadero monstruo.

No recuerdo cuándo la vi por primera vez. No puedo recordar un tiempo en el que no estuviera consciente de que existía Bette Davis. Era sinónimo con una era de Hollywood, el de blanco y negro, con algunos brotes relampagueantes de Technicolor: la mujer más bragada que hubiéramos visto aparecer nunca antes. Era dura y a la vez vulnerable; compleja con sólo lanzar una mirada.

Comencé a apreciarla, siendo aún muy joven, al ver la cinta que fue un parteaguas en su carrera: la transición en sus roles maduros a su ocaso, que fue vibrante, en ¿Qué fue de Baby Jane? donde daba vida a la ex estrella infantil Baby Jane Hudson, a quien el peso de la culpabilidad, el fracaso, el olvido y el alcohol, la llevaron a volverse psicótica y homicida, a tener prácticamente secuestrada a su hermana inválida Blanche (nada menos que la Mamita Querida Crawford, a la que detestaba cordialmente y de quien siempre habló pestes, correspondida fielmente, perrada a perrada, por aquella) sometiéndola a torturas monstruosas. Fue un trabajo memorable que la hizo redefinir su carrera, pero aún antes había dejado huella, por lo que, a manera de un detective amateur, me fui aventurando a sus trabajos anteriores, los que ayudarían a cimentar su leyenda.

Fue así que la descubrí como Margo Channing en Eva al desnudo, de 1950, que considero es su mejor película por mucho y que en cada visionado ofrece algo nuevo. Obra cumbre de Joseph Mankiewicz y considerada una de las más grandes obras maestras de la historia del cine, es una trama de intrigas teatrales ambientada en los escenarios de Broadway. La Channing es una mujer formidable, una actriz consumada, que sin percatarse, cae en las maquinaciones de la perversa Eva Harrington (Anne Baxter), quien con su rostro de no-rompo-un-plato, busca adueñarse de su carrera, su prestigio, sus amigos y hasta su hombre.

La Davis era un mito, el auténtico monstre sacré que marcaba pauta y daba cátedra de un modo sencillo. En la vida real, y existen entrevistas que lo demuestran, era lo mismo jovial que altanera, socarrona y desvergonzada. Nunca se apartaba de una buena bronca y se peleaba como los merititos machos. Fue capaz de cantar un alborotado ‘tuist’ en TV para promover Baby Jane y también de hablar sin tapujos de su lucha contra el cáncer de mama (que finalmente se la llevó, en 1989 a los 81 años, ya bastante mermadita) para recavar fondos para combatirlo. Sobrevivió a los tardíos y estúpidos reproches de su única hija, Bárbara Merrill (hoy conocida como BD Hymen) que escribió un libro al estilo de la escuela para hijos ingratos de Christina Crawford, aún estando viva su madre, quien, aunque entristecida, le espetó que hasta con las ventas de su mísero pasquín, seguía manteniéndola.

La Davis hizo una época y merece todo el respeto que se ganó a pulso. Recuerdo que cuando murió, alguien dijo “ah, si sólo era una pinche actriz gringa”. Y no. Podrá haber sido eso, pero era también mucho más. Fue una figura que supo plasmarse en una pantalla, sacudir las emociones de generaciones enteras y entregarse a cambio de casi nada, a un público veleidoso e inconstante. En su última aparición, durante el Festival de San Sebastián, donde recibió el premio Donosita a su carrera, aún era una figura que se sostenía, plantándole cara a la edad, la enfermedad y hasta la extinción.

Si hoy viviera, tendría 100 años. Y seguramente tendría aún esa mirada desafiante, tal vez detrás de una mistificadora cortina de humo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ GUAU !

,,,,,,

kackerbe dijo...

Miguel!

What a feast! You toasted my Bette along with me!
I love this post....
When I saw her on Johnny Carson-she was frail, but fierce. Martin Short-comedian and impersonator, was seated next to her, and she asked him in her wonderful voice, "Can you do ME?" and he proceeded to do so and do it well. She just looked at him and said, "well, just skip it."
I wish I had that power...
I love you Miguel!
~kate

Senses & Nonsenses dijo...

buscando anoche cositas sobre la davis, me encontré con el comercio digital (es así???), y te encontré. que sepas que me gustó mucho el artículo. cierto, nadie fumaba como ella, y nadie tenía una mirada tan fulminante como ella.
se sostenía a duras penas. pero ella siempre dijo que nunca se retiraría, que reconocerlo es como estar muerta.
ya es eterna.

un abrazo.

Viviana dijo...

A mí la verdad, no es una actriz que me encante. Reconozco su importancia icónica en la historia del cine. Pero no me gusta mucho la verdad.

Es cierto que no he visto muchas peliculas de ella. Voy a tratar de ver la de Eva al desnudo.

En la de Baby Jane me asustó... era yo una chiquilla cuando la vi en el canal once...

El Velvet de Cierto Pelo dijo...

"Whatever happened to Baby Jane?" no es sólo la mejor película camp jamás hecha. Es la personificación del mosntruo que fue la Davis.
Perra de las mejores, la Davis no sólo se bufa a la Crawford sino que la hace ver cómo lo que es: chiquita.
Bette no sólo fumaba bien, también perreaba de la mejor forma.
Variety: "Actriz busca empleo con 30 años de experiencia, capaz aún de moverse y más amble de lo que dicen los rumores".
La Davis forjó su propia leyenda. Como nadie.