jueves, 18 de enero de 2007

Otros tú, otros yo


Ahora que he comenzado a separar las cosas que llevaré conmigo, aparecieron en una repisa de mi librero, mis viejos diarios: uno es de 1993 a 1995, otro de 1995 a 1999 y uno, a medias, de 1988.

Me sentí muy sorprendido al ver éstos cuadernos -- de pastas duras y negras, comprados a escondidas y ciertamente llenados a escondidas, en un inglés aún vacilante pero lo suficientemente fluido, como para dar la impresión de que uno sabe lo que está escribiendo.

Por supuesto, en inglés, para que si alguien de la casa los hallaba, no pudiera entenderlos, también.

El de 1988 -- el único diferente: una libreta de forma francesa con tapas de cartoncillo y espiral- de plano, no quise leerlo. Es demasiado antiguo, demasiado de otra vida. La personita que lo escribía ya no existe... y creo que no quiero recordar mucho tampoco de esa época.

Pero los de 1995 sí son una tentación. Sobre todo porque se siente que en realidad no ha pasado tanto tiempo como yo pensaba... y sin embargo, su paso se nota evidente.

Me senté un rato, por la tarde, para asomarme un poco por las páginas llenas por ambos lados con letra apresurada, como patas de araña. Son recuerdos y gente. Escenas de la vida que ya había olvidado (y a un mismo tiempo no).

El cuaderno abre un sábado, 18 de Marzo de 1995. Ese día daba una cena -- posiblemente mi primera cena como anfitrión formal- y en el texto me exhibo nervioso, ilusionado y temeroso al mismo tiempo. Había leído Mrs. Dalloway por primera vez hacía muy poco y me fantaseaba como Clarissa Dalloway.

Curioso: aún lo hago. Me gusta comprar las flores yo mismo.

Remordimiento. Es un poquito inescapable mientras leo mi ansiedad por que los invitados lleguen: el miedo por lo peor, escrito con todas sus letras (¡qué criatura tan más pesimista! ¿De verdad es yo?) y la horrible idea de que nadie iba a llegar [y lo hicieron, aunque no todos, como es natural; no hay registro de apologías, tampoco. Cosas de la vida que aprendes a no tomar en serio hasta que ya eres mayor].

Fechas, fechas, gente... Alejandro hace su primera aparición en una entrada poco después -- es la primera vez que me refiero a él como mi "Compadre", un apodo cariñoso que aún usamos (y eso que en realidad nunca lo fuimos). También por ahí está Gilda, aparente en el taller y en los primeros días de gestación de Narraciones de Terror, Fervor y Chunga. La ilusión del primer libro a los 21 años (o casi).

Desde entonces escucho a Morrissey y los Smith (algunos placeres no caducan) y los primeros borradores de Todas las Fiestas (¡la primera mención de la novela, cuando aún se llamaba Los Jóvenes Dioses!)... y más personajes que aparecen y que aún están aquí dentro: Viviana y Rodrigo -- pruebas ontológicas de mi era discotequera-, Sofía y Mateo, Adriana, Marcela, Liz Strausz (de hecho se interrumpe la lectura del diario con un deseo por llamarla y marco: la conversación fluye, llena de júbilo y alegría. Otro día explico por qué).

Y Mòir. Tantas veces en tantas hojas. En los días de su viaje a Europa, y hay referencias a mis cartas a Venecia. De verdad hace tanto tiempo...

Vuelvo a leer y descubro una pregunta recurrente que aparece en algunas páginas, escrita y reescrita: ¿Dónde estoy?/Where am I?

Ahora lo sé, pero entonces no lo sabía.

Me gustaría poder encender la luz para ese otro yo, que anda por ahí con las manos extendidas y viene entre las sombras, ciego. Decirle que el camino es sinuoso, pero el correcto. Que va bien.

Pero no haría falta, pienso, porque en un cierto sentido, ya lo sabe.

Mis días de taller (Martes) religiosamente anotados, al igual que las reuniones post, en La Ronda (mismas que aún persisten, aún si -- ahora me entero- nadie recuerda quién propuso ese lugar por primera vez). Liz fumando. Alejandro y Diana con Esteban aún bebé (y yo, cargándolo, contagiándome de varicela en el proceso). Gilda toda furia y fuego y creación, sacando cuentos como del aire. Viviana, comiéndose lentamente una pera en la cocina de su madre, mientras todo es un caos en derredor: su serenidad me da a un personaje que eventualmente aparecerá en mi novela, aunque será muy distinta; los campamentos literarios en Michoacán: volver a El Molino, con María Luisa Puga. Aún, por ahí, debe haber cartas.

Tanto tiempo, tanta gente, tantos sentimientos en hojas que ya huelen a viejo.

¿Cómo sobreviví a tanta depresión? (Tal vez este fue uno de los periodos más difíciles, más allá de 1990)

Será, acaso, que ese pálido y tembloroso al que hago referencia ahora, las más de las veces con sorna, era ciego pero no débil. La prueba es que ahora, doce años más tarde, estoy aquí, con otra experiencia diarística que si bien se apoya en la autobiografía (hábito malo y espantoso, casi tan feo en la mesa como sacarse los mocos, ya me lo han hecho notar) también es otra manifestación, otra manera de expresar y de -- sí, lo sé, es cierto, esto es lo que hago- narrar(me) la vida.

El corazón de las tinieblas, la penumbra de la duda. Todo esto está muy lejos ahora; aunque no pueda evitarse un respingo al leer, a veces. Un lenguaje no exento de excesitos y de fruslerías chabacanas, como uno escribe a esas edades. No obstante, mientras leo, descubro -- y no puedo evitar una cierta ternura dentro cuando sucede, ni hablar- que ya no estoy a'l ombre de moi même. Mis sueños (o muchos de ellos) se hicieron realidad, o bien, han cambiado de forma.

¿Dónde estoy?
Aquí.

Ahora.

Estos cuadernos no vendrán conmigo a donde iré.

No voy a, no puedo, destruirlos. Pero tampoco tienen lugar en mi vida ahora.

Ya lo dijo Lou Reed: It's the beginning of a New Age.

3 comentarios:

Viviana dijo...

Miguel:

¡Que padre reencontrarse con esos otros yo! Los que fueron, pero que siguen ahí, modificados. Los que de plano no cambiaron y se siguen cargando y los que ya no se reconocen.

Me siento privilegiada por ser una de esas voces de tu pasado discotequero...que conste que no fue tanto ¿Eh?. Y sobre todo muy contenta por haberme reencontrado con una amigo, que nunca imaginé tan bueno y tan leal.

Te quiero mucho

Viviana

Miguel Cane dijo...

Queridisima Viv,

Al contrario; el contento soy yo. Y no me eches tantas flores que me lo podría creer, y no.

Ni tanto, ¿eh?

Tengo MUCHOS defectos.

Pero me gusta pensar que casi no se notan ;)

Muchos besos y mi cariño,

M

Emma Zunz dijo...

Me encanta lo que dices aquí... en parte me hace tener cierta fe en que el futuro será mejor y que las cosas toman forma con el tiempo. En parte me hace querer perdonar al presente antes de que sea pasado, dejarlo ser, con todas las ganas de poder un día (como lo has hecho tú), decir con toda certeza
¿Quién soy? Yo
¿En dónde estoy? Aquí y ahora: donde quería estar. A dónde me he traido.

Me decías volverías a mi blog. Por favor hazlo, es un honor.

Saludos