sábado, 2 de junio de 2007

Una muerte en el hogar


Esta mañana, el sol me despertó calientito en mi cara.

Como no podía bajar a la playa, que está cerrada por las prácticas de las Fuerzas Militares Españolas, que hoy han aprovechado para hacer demostraciones y maniobras, me quedé de remolón en la cama hasta tarde y luego me levanté para leer la prensa en Internet, tomar un vaso de jugo y mi cereal con yogurt.

Una hermosa mañanita de sábado.

Pensaba en acerca de qué escribirles hoy (hay muchos temas) cuando de pronto, oí el estruendo de turbinas de avión, muy cerca -- finalmente, uno vive ahora en las alturas.

Poco después, unos instantes apenas, me llevé un susto mayúsculo, paralizante, cuando oí un fuerte golpe y algo parecido a un grito.

Contra la puerta de cristal que separa mi terraza del saloncito, había una mancha de sangre.

Abrí la puerta y ahí, tendida en mi terraza, yacía la intrusa, con un graznido agonizante y con un charquito de sangre.

Me horroricé.

Luego me acerqué un poco, pero ya no se movía.

Me puse a llorar (ahora todavía tengo ganas de)

La cubrí con una toalla y bajé a buscar a mi portero. Salí a ver si estaba en el super, en alguno de los otros edificios del bloque. Por fin le dejé mensaje en el garaje de la vuelta y vino hace unos momentos. Dice que va por una caja de cartón y que se la lleva.

El cadáver sigue bajo la toalla.

Sé que compadecer a una gaviota es como tener compasión de una rata, pero ¿qué le voy a hacer?

Por encima, siguen pasando aviones y hay mucha gente mirando las maniobras en la playa.

Llama mi amigo Alex DeBernardi y le cuento "¡Tengo una gaviota muerta en mi terraza!"

Me ha dicho, entre risas, "Fiu, ya eres gijonés."

8 comentarios:

Patricia dijo...

Ah, no. Eso de que compadecer a una gaviota es como compadecer a una rata, no lo comparto.

Pero claro, yo soy de las que igual lloran al ver cualquier animalito herido o muerto.

Excepto, tal vez algunos insectos. Tampoco es tan al barrer la cosa... jejeje.

Un abrazo!
P (ya te dije que toqué una ardilla?)

Nyman dijo...

Mmm...eso es triste. He visto retorcerse de dolor a un gato que fue atropellado en la avenida...un pajarillo herido que no puede volar...y se me ha partido el alma. Te imagino Cane, te imagino...

Por otro lado, busquè un link "siniestro" en tus vìnculos y ya no està...what's up?

Abrazos Canito que ya tenìa rato que no te los dejaba (que es muy distinto a decir que no me he parado por acà...diario lo hago)

Dushka dijo...

Estoy triste yo tambien, solo de haberla conocido a travez de tu blog.

Fargok dijo...

Yo amo a los animales.

Hubiera sido veterinario, de no ser porque no soporto verlos morir...

Miguel Cane dijo...

Penélope:

¿Tocaste una ardilla? ¡Qué rápida debiste ser!

Estas gaviotas son guerreras; traen pleito casado con las palomas y siempre andan buscando camorra... pero sí que se te muera una es impresionante.

En fin, todo es parte de la experiencia.

Besos hasta el sur del sur.

Miguel Cane dijo...

Davis,

Igualmente paso diario por el tuyo.

Luego te cuento qué sucedió ahí, a mi modo de ver. Escríbeme cuando quieras.

Te quiero, carnal.

M

Miguel Cane dijo...

Dear Dushka:

Fue un paso fugaz, pero también me hace pensar en tantas cosas.

Hay tanto que ocurre alrededor y a veces uno no está alerta.

Un beso grande, grande de este Finisterre al tuyo.

Y cariños a Luca.

Patricia dijo...

M: Rápida no había que ser. Las bichitas están tan acostumbradas a los seres humanos, y por otra parte a que nadie les hace daño, que se acercan a ver si les traés algo interesante (gastronómicamente) para ellas. Una vez que constataban que no, se iban.

Era en Kensington Gardens, acá no tenemos ardillas... Aunque la primera que se me acercó, pero sin tocarla, fue en el DF.

(Y disculpas si sonó muy "ay sí, yo que soy tan viajada..." jejeje. No es la idea, pero es que estoy enamorada de la ardilla! Javier no es celoso.)

Besos!