sábado, 8 de septiembre de 2007

Grace, bañada en lágrimas: esto es Dogville

Al traspasar como el filo de un bisturí la piel del espectador con un horror sutil pero implacable, Dogville – cinta del iconoclasta danés Lars Von Trier, protagonizada por la habitualmente superstar Nicole Kidman en un abrupto y sorprendente giro actoral- se deja ver como una de esas películas que no se disculpan ni condescienden con el espectador.

De hecho, desde el efecto de estupefacción que provoca su escenario desnudo, casi teatral, con las fracciones del pueblo vistas desde lo alto, así como la extraña narración (realizada con perfecta dicción a cargo de John Hurt, al más puro estilo de Pedro y el Lobo), hasta el devastador desenlace con todos los elementos, incluyendo un doble discurso didáctico/subversivo, la absoluta influencia de Bertolt Brecht y Kurt Weill se deja sentir y justo igual que aquellos alucinados, Von Trier sondea la naturaleza humana y la explotación humana con una distancia analítica extraña y una reacción visceral y brutal.

Dogville es una mísera aldea ostensiblemente situada en las faldas de las Montañas Rocallosas, que bien podría estar ubicada en cualquier lugar del mundo, al igual que los mataderos de Santa Juana [Brecht]. Más que un poblacho miserable, es el ejemplo universal de un catálogo de personajes que se pueden encontrar en cualquier lugar, por no decir que, inclusive -- y Dios nos guarde- podríamos ser nosotros mismos.

La mujer que llegó de noche

La anécdota principal de este cuento de hadas fracturado, es engañosamente simple de contar: Es 1934. En Dogville, sus habitantes tratan de sobrellevar los efectos de la Gran Depresión en el día con día de sus soporíferas vidas: Ma Ginger (Lauren Bacall) y su prima Gloria (Harriet Andersson, amada en su juventud por Ingmar Bergman), son dos ancianas que tienen la única tienda del lugar. Los Henson (Bill Raymond y una virtualmente irreconocible Blair Brown) y sus hijos, Liz (Chloë Sevigny) y el levemente retardado Bill (Jeremy Davies), son una familia que trata de mantener la semblanza de clase media, fabricando vasos de dudosa calidad.

Casi puerta con puerta, viven Vera (Patricia Clarkson) y Chuck (Stellan Skarsgard, actor fundador del establo de Von Trier) con sus siete hijos pequeños. Ella los maleduca en casa y él es un hortelano huraño y procaz. Olivia y June (Cleo King y Shauna Sim), madre e hija, son las únicas negras del pueblo, una de ellas sufre parálisis cerebral. También están Martha (Siobhan Fallon) y Ben (Zeljko Ivanek); ella cuida de la iglesia, esperando que un día llegue un nuevo párroco y él es un camionero borracho y pobretón.

La clase acomodada – por decirlo de alguna manera- está representada por Jack MacKay (Ben Gazzara), un hombre que se rehúsa a aceptar su ceguera y por el doctor Thomas Edison (Phillip Baker Hall) y su hijo, Tom (Paul Bettany), timorato muchacho con aspiraciones de escritor. Todos viven sus vidas como moscas bajo una campana de cristal; no necesitan a nadie, así les gusta el estado de las cosas.

Cuando una noche una hermosa y joven fugitiva llamada Grace (Nicole Kidman, en el rol que redefinió su carrera, convirtiéndola en Ingrid Bergman para el siglo XXI) aparece en el pueblo después de que se oyen balazos en el bosque, Tom la oculta de los misteriosos hombres que la buscan. Posteriormente, reúne al pueblo en asamblea para pedirles que le ayuden a protegerla del peligro que aparentemente la acecha Al principio y de inmediato, todos se niegan, pero él los convence de darle una oportunidad de dos semanas, en las que Grace hará diligencias para demostrar su mérito.

Pronto, Grace se gana a los vecinos con su actitud comedida, con su naturaleza tierna y bondadosa, por lo que siguen algunos días de dicha, hasta que la policía -- siempre, siempre la policía- llega a hacer preguntas y el pueblo hace más exigencias a la mujer, que de súbito es sometida a maltratos y brutalizaciones de toda índole, convirtiéndose en objeto de ludibrio, odio mezquino y monumentales humillaciones. Sin embargo, aunque parezca que Grace está atrapada, hay un secreto en ella que, cuando salga a la luz, cambiará todo de manera irreversible.

Kidman a la infinita potencia

Dogville ofrece el balance perfecto entre escenario y celuloide: apoyándose en técnicas teatrales, el formidable elenco hace un trabajo espectacular al dar vida a un pueblo que gradualmente se convierte en vampiro colectivo. El filme en sí, es una especie de retorno a los teleteatros en vivo; consiste en un sólo escenario, con un mínimo de elementos escenográficos y sólo líneas de gis para separar las calles de las casas, los arbustos de la gente.

Se requiere, por parte del espectador y los actores, un gran insumo de imaginación para desarrollar una historia en un espacio tan frugal, y observarlo es –por decir lo menos- una experiencia singular. La película, en sí, dura tres horas, pero éstas pasan volando gracias a esta troupe de profesionales delante y detrás de cámaras. Cada fascinante elemento contribuye: desde la civilizada avaricia de un comprobado monstre sacré como la Bacall, hasta la ira pujante y el lagrimeo pesetero de la espectacularmente buena Patricia Clarkson.

Este es un aparato actoral que recorre el territorio como una patrulla de combate que no da pasos en falso.

Naturalmente, esto forma parte del territorio de Von Trier, quien es magistral cuando se trata de excoriar las esperanzas de su público: baste recordar el anti-musical Dancer In The Dark (2000) en que Björk literalmente expira dándolo todo en el escenario [y acabó odiando a Von Trier] o cómo envió, sin ningún miramiento, a la dulce y sensible Emily Watson del infierno a la corte celestial (estilo dogma) en Breaking The Waves (1996), mientras de paso nos rompía la madre.

Von Trier se las ingenia para crear algo con estilo y sustancia cada vez que se coloca detrás de la lente. Aún en sus películas anodinas (como la ininteligible Les Idiots, 1998), hay espacios interesantes que invitan a la exploración.

No sería hipérbole decir entonces que Dogville es su obra maestra y que una buena parte del crédito recae sobre los hombros de la Kidman, cuya interpretación trasciende a cualquiera de sus trabajos anteriores, llevándola incluso a un nuevo nivel de elocución física, sin necesidad de pronunciar palabra, algo que posteriormente manifestaría de un modo magistral en la formidable cinta de Jonathan Glazer Reencarnación/Birth.

En el transcurso de la cinta hacia su inevitable clímax, Von Trier lleva su análisis sobre las condiciones sociales y morales de un microcosmos, más allá aún que el propio Brecht (cuyos protagonistas casi inevitablemente fallan) y es así que llega a un final que resulta no sólo catártico para el personaje sino también para la actriz (“Adiós, Tom”, dice con aire muy significativo, claro), que hace al espectador sentirse complacido, aún si viola por completo a la propiedad y sus formulismos convencionales; inmediatamente antes de ésta secuencia, dos personajes discuten el concepto de arrogancia, del que tienen visiones diametralmente opuestas, aún si ambas partes tienen razón.

Si el que los lugareños abusaran de su poder los hace convertirse en entes mezquinos, perversos y crueles (como le sucede a la buena gente de este mundo en casos como éste), ¿qué pasa entonces si Grace se atreve a hacer algo similar? ¿Sería igualmente inhumana y monstruosa? El desenlace es espeluznante, casi apocalíptico en sus proporciones y contexto.

Sin embargo, Von Trier y Kidman logran cerrar el filme con un efecto de reivindicación, una insólita exaltación por parte de nuestra Grace conforme se aleja para no volver los ojos atrás. Será por eso mismo que Dogville es una película inolvidable, no por la violencia, el subtexto sociopolítico o las actuaciones de primera categoría en cada intérprete. Es porque se trata de una idea original que lleva a cabo con maestría hasta la última toma.


La verdad y sus consecuencias


Esta es una película audaz y despiadada, aún si a primera vista parece bucólica y serena.

Al despojarse de la mayor parte de sus adornos, el director y la primera actriz traen de vuelta el foco, más allá de los efectos, a la actuación y al guión, sazonándolo con controversia: desde su estreno en Cannes 2003, Dogville causó furor y polémica por su supuesto fondo anti-estadounidense (algo interesante en un año de guerra, con el líder de ese país tan desprestigiado y que sigue, aún a estos años de distancia, siendo un punto álgido).

Por supuesto, es casi irónico que su estreno coincidiera con tantas situaciones internacionales que podrían reflejar el caso Dogville/Grace. Los temas de la cinta podrían situarse en cualquier rincón del mundo.

Así que, ante la pregunta ¿Odia Lars Von Trier a los EUA?, la respuesta es no, aunque ciertamente es un artista creativo que gusta de zarandear a las vacas sagradas y eso es algo que el cine en todas partes necesita hoy en día. Es razonable disentir de su enfoque universal, aunque ante esta cinta, es imposible negar su arrojo y perspectiva.

Von Trier y Kidman formaron para este filme, una mancuerna única: son raras las instancias en las que la actriz se olvida de sí y entrega cada parte de su esencia y de su cuerpo al personaje, lo que pronto la convierte en total instrumento de su director -- otros casos: Bergman/Ullmann en Escenas de un matrimonio (1973), Polanski/Farrow en El Bebé de Rosemary (1968), Hitchcock/Hedren en Los Pájaros (1963), Nichols/Bancroft en El Graduado (1967), Bertolucci/Clayburgh en La Luna (1979), Ozon/Rampling en Bajo la arena (2000), Saura/Chaplin en Ana y los Lobos (1972), Hawks/Hepburn en La Fiera de mi niña (1938), Mankiewicz/Davis en Eva al desnudo (1950) o Pakula/Streep en La Decisión de Sofía (1982)- y cuando esto ocurre, el resultado es decididamente icónico, inolvidable.


¿Qué hay después de Dogville?

Mucho más, claro. Se ha visto. Pero aún así, en muchos aspectos, éste es un punto de partida, una referencia, una mirada feroz que nos señala no sólo que el emperador camina sin ropas; nos muestra que en muchos sentidos, nosotros vamos tan desnudos como él.

9 comentarios:

doña Jimena dijo...

Oh my gosh! Pues que le puedo decir? Una que namas es espectadora visceral se conforma con quedarse medio aturdida después de verla a las tres de la mañana en algunas vacaciones… y después conseguirla, verla de nuevo y prestarla.
Que bonito post.

Viviana dijo...

A mi me gustó el aspecto de la falta de escenografía casi...experimental. Me recordó a los cuentos de cachirulo, jeje.

Esta película te pide que como espectador pongas mucho más de tu 50%. Se sostiene, efectivamente, por un gran elenco y buenas actuaciones.

Es una película difícil porque retrata un aspecto muy sádico que a todos puede salirnos en un momento dado. Reacciones agresivas, de ataque a lo que envidiamos...en este caso el aspecto generoso y bondadoso del personaje de Grace.

La Kidman nunca ha sido muy mi hit,la verdad. Me parece que hay mejores actrices, o cuando menos, que a mí me hablan de otra manera o me transmiten otras cosas como Juliette Binoche. Aquí me gustó, aunque me gustó más en "Birth".

Pero donde más me gustó fue en "Ojos bien cerrados", película que me gusta mucho, a pesar de Tom Cruise.

Saluditos

Alberto dijo...

Felicidades por un texto muy interesante. No nos conocemos personalmente, pero llegué por recomendación de Bef. Muchos saludos y suerte.

Miguel Cane dijo...

Pax:

Gracias por la flor, inmerecida, pero siempre apreciada ;)

Cuando vi Dogville por primera vez, como que sí me brincaba... pero repetí función (échate seis horas, manito!!!) y quedé realmente muy impresionado.

Digamos que es de esas pelis que se te pegan y no te las puedes sacar.

Otro abrazo de vuelta.

Miguel Cane dijo...

Doña Jimenita,

Oiga usted, pero es que esta peli se presta para toda ocasión.

Y sí, cuando uno es visceral, aturde y sacude... yo aplaudí como loco la primera vez, cuando vi a Grace dando instrucciones al final, sobre lo que había que hacer por el personaje de Vera... ujajajay!

Besos, manís!

Miguel Cane dijo...

Viv:

¿De modo que no eras fan de Tom?
¡Mira tú! ¡Una rareza dentro de tu generación!

Yo debo confesar que al principio me costaba mucho trabajo poder ver a Nicole como algo aparte de la mujer de Tom... hasta que vi Todo por un sueño y luego, claro, la de Kubrick.

Creo que creció para mí como actriz y aunque ha hecho cosas abominables , le tengo fe.

Besitos.

Miguel Cane dijo...

Alberto:

¡Bienvenido! Todos los amigos de mi carnal Bef, son mis amigos.

Muchas gracias por tus palabras y espero que nos sigamos leyendo.

Un abrazo.

Vulcano Lover dijo...

Pues a mí Dogville me dejó K.O. literalmente... comparto la mayoría de las cosas que dices al respecto del análisis de la película... Ciertamente el trabajode la Kidman es memorable, sin gustarme a mí mucho.
Es un poco la cruda realidad de la esencia del hombre... la historia está ahí para demostrárnoslo, con ejemplos mucho más crudos que el de Trier...
Besos.

Champy dijo...

De este tipo ya todo esta dicho.

Aqui me sorprendió en buen plan y me gustó la pobreza escenica...me pareció acorde al resultado.

De esta vieja que lo unico que me produce es vomitadas, debo reconocer que no la ensució tanto, pero apuesto a que si le hubieran dado libertad de elegir, Lars no la hubiera elegido a ella.
Como estrella se ve bonita... Como actriz, se me hace que si se pone a estudiar hará bien su trabajo, pero eximia jamás llegará a serlo.

A tu lista yo añadiría:
Fellini/Massina, Kaige/Lí, Fernandez/Del Rio, Bracho/Palma...