lunes, 17 de septiembre de 2007

Isabelle, bajo la arena

Un suceso inexplicable ocurrió en octubre de 1904 en la ciudad de Ain-Sefra (Fuente Amarilla), rodeada de altas montañas a casi 1200 metros de altitud, en pleno corazón del Sahara.

La población se inundó por la crecida de los ríos Sefra y Mulen. En su furia, un fango espeso sepultó la población desértica. Algunos días más tarde, el Akhbar (periódico bilingüe publicado en Argel, arabófilo y crítico de la administración colonial francesa) habló de la extraña tragedia que se llevó árboles de cuajo, la mayor parte de las casas de la ribera baja (los gurbís), numerosos rebaños y veintiséis personas. Entre ellas figuraba Isabelle Eberhardt, alias Mahmoud Saadi, una mujer de apenas 27 años que vivió siempre para satisfacer su propia, esperpéntica pasión. Morir ahogada en el desierto no hizo más que cerrar el círculo de un destino literario, expresado tanto en las letras como en la su muy sui-géneris manera de vivir.


Extraña niñita, ¿a dónde vas?

Isabelle nació en Suiza en 1877, hija ilegítima de Alexander Trophimowsky, ex sacerdote de la iglesia ortodoxa rusa que profesaba el nihilismo extremo. Su madre, Natalie Eberhardt, fue una aristócrata cuyo marido murió dejándole muchísimo dinero y otros cuatro hijos. Isabelle se educó en la disciplina libertaria de Trophimowsky (a quien llamaba "Vava", pero sin aceptar nunca su paternidad). Con él aprendió griego, latín, árabe, alemán e italiano, además de filosofía, literatura y geografía. La educación de Isabelle se vio complementada por las discusiones de los visitantes que llegaban a su hogar y los relatos de experiencias de lugares exóticos.

Con su hermano favorito, Augustin Von Moerder, mantuvo una íntima complicidad – y, se rumora, una relación incestuosa -, idealizando un mundo a través de los libros de viajes. Cuando eran adolescentes, Augustin se enroló en la Legión Extranjera e Isabelle sólo tenía contacto con él por carta. Enclaustrada en su vida de pobrecita niña rica, Isabelle comenzó a escribir para exorcizar sus demonios; así hizo amistad con intelectuales árabes y tradujo poesía musulmana. En una carta escrita en 1899, Isabelle relató: "Escribo porque me gusta el proceso de creación. Escribo como amo, porque probablemente ese sea mi destino. Y es mi verdadero consuelo".

De hecho, su gran proyecto era una novela autobiográfica titulada Nómada, que dejó inconclusa y que comienza con el exilio que inició al lado de su madre, en mayo de 1897, cuando se fueron a vivir, renunciando al lujo de Ginebra, al norte de Argelia.

Toda vez allí, Natalie e Isabelle se convirtieron al Islam. Seis meses después, la madre murió de disentería y las depresión consecuente, impulsó a Isabelle a una huida hacia el desierto, la vida bajo un cielo interminable y una nueva identidad.


Té en el Sahara

Tras mudarse a Argel, Isabelle buscó confundirse camaleónicamente con la gente y el paisaje, y lo hizo literalmente. Mientras bajo la luz del sol sumergía su condición femenina en el fervor religioso, por las noches se disfrazaba de hombre, para frecuentar los cafés de la casbah. Ebria de kif, licor o palabras, seducía a los hombres mediante su intrigante androginia. En sus diarios queda testimonio de ello: "¡Qué borracheras de amor bajo un sol ardiente! Mi naturaleza también arde y la sangre fluía con una rapidez febril por mis venas infladas de pasión".

La relación amorosa obsesiva entre la joven Isabelle y el África Sahariana inició con un éxodo por los desiertos de Túnez deteniéndose en Biskna, Touggourt, El Oued, Batna y los oasis del Suf.

El paisaje fue cobijo para su inquietud. Cuando creyó alcanzar la calma, volvió a Marsella para reunirse con su hermano, ahora casado, lo que fue un duro golpe: "Estoy solo", escribió en sus diarios, en masculino, por aquellos días. "Estoy solo, como siempre he estado en todas partes, como lo estaré siempre en el gran universo, maravilloso y decepcionante". Ese "je suis seul" con que inicia sus diarios íntimos, no es fruto de un error gramatical sino de una elección premeditada. El uso frecuente de distintos alias, así como la alteración de sus referentes biográficos, termina por convertirse en su verdadera personalidad.

Durante esta época, conoció a un joven diplomático turco-armenio, Archivir, por quien siente una fuerte atracción y con él vivió su romance más puro, aunque el hombre estaba demasiado interesado en los jóvenes turcos como para comprometerse con ella. Esto la llevaría, en cierto modo a buscar la aventura, ahora como detective, investigando el asesinato de un noble portugués, con la oportunidad de volver a reencontrarse con su múltiple y auténtico yo. "Revestir lo antes posible la personalidad amada que, en realidad es la `verdadera', y volver allá, a Africa, para reemprender mi vida...", de este modo nace un personaje masculino, Mahmud Saadi, aunque esto no le impidió cohabitar con el espahí Ehuni Slimène: "Slimène es el marido ideal para mí, que estoy fatigado, cansado y harto de la soledad que me rodea", dijo en una carta a Augustin.


Ahogándose en el desierto

Como es natural, la unión con Slimène, sus hábitos masculinos y su congénito anticonvencionalismo provocaron escándalos tanto en la comunidad árabe como en la europea, que la veían con recelo, la creían una espía. Sin embargo, Isabelle/Mahmud, aparada por el amor de su hombre, igualmente nómada, viajó por las rutas de los oasis.

En 1901, en Behima, fue atacada en una emboscada, logrando salvar la vida de milagro. El atentado (aparentemente a causa de sus inconvenientes pesquisas por la muerte del marqués), fueron la excusa perfecta para que los franceses la expulsaran del territorio. El breve exilio en Marsella fue doloroso, pero le sirvió para volver a la literatura, guiada por Pierre Loti y los hermanos Gouncourt. En octubre, cuando Slimène llega a Marsella, se casan por la ley francesa. De ese modo, ya no hubo motivos que le impidieran volver a Argel.

En 1902, nuevamente en el Mahgreb, hizo contacto con Victor Barrucand, editor del Akhbar, que publicó sus reportajes. Esta nueva etapa en su vida, Isabelle buscó una cierta domesticidad aunque la intención de ser ama de casa fue efímera: Isabelle dejó los vestidos para volver a las peleas y borracheras y durante el día cultivaba su espiritualidad en la mezquita de Zella Zeynet.

A comienzos de 1904, el general reformista francés Lyautey la invitó a participar en la "colonización pacífica" del sur oranés. Isabelle, fiel a su eclecticismo, aceptó. Su misión consistía en mediar un estatuto de paz con las tribus de la frontera marroquí en Kenadsa, una zona que es una suerte de estado teocrático.

Al cabo de seis meses de infructuosa espera en la región, contrajo malaria; de modo casi profético, escribió: "Dentro de un año, por estas fechas, ¿viviré todavía?... He llegado a la conclusión de que no hay que buscar la felicidad. Se la encuentra por el camino, aunque siempre en sentido contrario... La he reconocido muchas veces..."

De vuelta a Ain Sefra la internaron en un hospital. Sin estar del todo restablecida, lo abandonó para irse a su gurbí de la parte baja de la ciudad, que fue arrasada por la inundación. Los soldados de Lyautey rescataron los manuscritos dispersos y cubiertos de barro de Isabelle.

Cuarenta años después, Paul Bowles, inspirado en ella escribió El Cielo Protector y tradujo al inglés su obra, aunque – ni duda cabe- fue su vida en realidad su mejor novela, que lo mismo era la historia de una mujer de letras, un aventurero intrépido o un nómada endurecido.

Su oriente no era imaginario, y creó con su vida una fantástica ilusión, un paisaje virulento y sereno a la vez, un relato tan refrescante como un oasis oculto bajo la arena.

6 comentarios:

ManuelKawamaS dijo...

hey! ke genial historia, y más ahorita ke ando kon una extraña fijación por el desierto y komo se komerá a la civilización occidental

Viviana dijo...

Hay personas que nacen para inventasre a sí mismas. Personajes como Isabelle me llenan de admiración por la inquietud de su espíritu, especialmente en la época en la que vivió.

Gracias por presentárnosla.

Besitos

metafísica, no! dijo...

Hola Miguel! Me encantó lo que escribes sobre esta figura legendaria, muy evocativa. El cielo protector es uno de mis libros favoritos, pregunta, ¿cómo acceder a los textos de Saadi? Es una petición sufi en pleno Ramadán.
Un abrazo

Miguel Cane dijo...

¡Ese Manny!

Pues sí... y lo más curioso, es que ahí donde la ves, aunque parece una novela, la vida de esta heroína es 100% real.

¿Cómo te quedó el ojo?

Salu2!!!

Miguel Cane dijo...

Viv,

Creo que a Isabelle se le dió la oportunidad única de crearse a sí misma como ella quiso. Yo, y esto lo sabes, no tengo la estamina ni el valor de hacer algo semejante.

Ella desafió su propio género, para convertirse en una verdadera figura de mito.

Un besote, manís!!!

Miguel Cane dijo...

¡Hola Metafísica!

Pues yo compré un par de libros de Isabelle -- la compilación de sus textos y su novela inconclusa- a través de Amazon.com... pero en inglés. Si el idioma no es problema, ¡adelante!

Te garantizo que te va a paralizar el corazón.