miércoles, 24 de octubre de 2007

Recuerda


Now you're fine,
I'm not okay.
And I can only
stay away,
I can only
kneel and pray...
Try and try
to
forget that day
The Go-Go's

Mi privilegio y mi maldición son la misma cosa.

La memoria.

Por turnos es impecable y rebelde, voluntariosa e inoportuna, cruel, magnífica, veloz, aparentemente infinita... implacable, también.

Algunas veces, quisiera que fuera selectiva, pero esto parece imposible. Otras, deseo que se desaparezca: abrir los ojos una mañana cualquiera y estar en blanco, ser tabula rasa, no saber nada de quien soy, de quien fui. Porque soy muchas cosas distintas, para mucha gente distinta...

Una vez y no hace mucho, cuando todavía vivía en México, salí a caminar por ahí (con mi mente envuelta en plástico) y de pronto pasé un instante de pánico. Había olvidado, de repente, en qué calle estaba y por qué estaba ahí. Fueron solo unos segundos en los que no supe ni mi nombre.
No sé cómo podría describir la sensación; por partes iguales un horror frío, insondable, como si se acabara la acera, para lanzarte al vacío... y al mismo tiempo, una sensación de total y profunda liberación.

Mi memoria me traiciona. Arremete cuando yo estoy de pie en el rompeolas y me hace tambalear; a veces, caer. Mi memoria me agasaja; me proporciona con el simple hecho de tocar un objeto o de escuchar una canción, un golpe puro de sensación, de olor, de imagen, de sonido. Vuelvo ahí, soy lo que fui.

Como ya había escrito antes al catalogar mis neurastenias particulares (véase en la inexplicablemente popular entrega ¡Tengo Traumas!) hay cosas que me he esmerado en olvidar, pero que muchas veces resurgen, se resisten a desaparecer. ¿Será una prevención, una protección, una defensa contra mí mismo? ¿O un castigo? Puede ser el detonador cualquier cosa: un lugar al que procuro no ir pero que se atraviesa en mi camino, una mirada de soslayo, una frase a medias, un dejà vu, un sueño elusivo que se borra en la almohada que dejo húmeda al despertar sobresaltado (Los tontos como yo siempre sueñan y cuando se van a acostar y se cubren la cabeza, no pueden parar de recordar).

Supongo que mi memoria funciona de esta manera, porque así lo quise, al principio de mis días, cuando supe que tenía el don de recordar casi verbatim casi todo. En esa época uno es cándido y no imagina el precio tan alto que hay que pagar por memorizarlo todo. Y yo recordaba, porque a los demás les gustaba que recordara y recreara: cuadros, películas, canciones, plegarias, hasta The Lady of Shallot, de Tennyson, que podía recitar enterita de memoria y en inglés (hoy definitivamente ya no puedo, se me atora el llanto y me diluye las estrofas... no lo he vuelto a hacer desde hace mucho, mucho).

Yo todo lo que quería era hacer felices conmigo a los que me rodeaban, a los adultos -- nunca tuve mucha paciencia para con los otros niños a los que casi siempre encontraba parecidos a personajes de El Señor de las Moscas, de Golding; pequeños salvajes para los que yo era habitualmente, la presa a cazar y a los que yo contraatacaba con virulencia verbal, pobre para los puñetazos como siempre he sido-, para que me quisieran (ahí, totalmente desnuda bajo la luz de la bombilla, está la verdad y la razón por la que ultimadamente hice tanto y acepté tanto, tanto desde entonces y no sólo entonces). Esa es la misma razón que tengo para escribir.


Aprendí a utilizarla como un almacén sensorial. Me sirvió para poder retener la presencia de mi abuelo lo más que pude, considerando que su paso en mi vida, aunque crucial, también fue muy breve. Me imagino que, si él hubiera vivido más allá de los siete años que pasó conmigo (los primeros siete), quizá yo no recordaría tan vivamente las primeras etapas de mi niñez, que suelo a veces presentar como maravillosa y feliz (que lo fue, aunque también es cierto y esto lo sé porque lo viví y lo recuerdo, hacia sus últimos años también fue algo muy parecido al infierno, por años me sentí profundamente desgraciado, lloré muchísimo y no se me olvida tampoco, igual que lo tierno o lo mágico) y posiblemente habría retenido otros pasajes en su lugar, aunque esto es mera especulación. Y lo cierto, es que se quedó conmigo el hábito de recordarlo todo o casi todo: desde la trivia más innecesaria y aparentemente inútil, hasta las fechas, los rostros, las palabras, los gestos, los momentos, lo gozoso y lo doloroso, siempre inextricable e irremediablemente tomado de la mano.

Y en todo, entonces descubro, no sin estremecerme ahora que sucede, todo lo aquí escrito, no sólo en esta entrega, sino en todo este blog y en todo lo que haya escrito antes, en las verdades, medias verdades, fabulaciones y viles mentiras que haya dicho, está presente siempre. Existen a través de ella como un filtro. Cada cosa que está aquí expuesta, cada recuerdo, cada reseña, cada libro, cada canción que suena ahora mismo, acompañándolos mientras leen, todo tiene un significado para mí, y tal vez para ustedes, distinto en cada caso: todo está aquí por algo. No por qué, pero así es.

Es un cúmulo de días, hechos, frases, cosas que dije (y de las que me arrepiento) o que no dije (y de lo que también me arrepiento), cosas que debí haber dicho -- "No quiero", o "Te quiero"; o "Me dolió. No vuelvas a hacerlo nunca" o "Te apoyo en todo" o "No estás sola, aquí estoy" o "Te perdono" o "No seas tan cruel conmigo" o "No estoy enojado contigo"-. Todo eso es mi sino y mi allegro vivace; descubro acaso que sin lo que la memoria es, yo no puedo ser. ¿De verdad me gustaría ser tabula rasa? Entre más lo pienso, más miedo me da esa idea... la inocencia y la blancura a cambio de todos mis tesoros y mis cicatrices. El consabido Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos que proponen Kaufman y Gondry.

No, para mí no es factible.

Si duele, no importa, me recuerda que existo.
Si gozo, también.
Existo por algo, esto está así escrito por alguna razón que (a estas alturas del poema) desconozco, pero que me hace seguir.

Yo sobrevivo a todo.
Ya sobreviví a todo.
Y lo recuerdo.

Mañana no estaré aquí.
(Ya casi no estoy aquí)

Mais je reviens.

10 comentarios:

Ben dijo...

La memoria puede ser una excelente herramienta, pero aveces se convierte en un arma muy peligrosa. Yo aún tengo sueños en donde mi memoria me hace pasar muy malas noches.

Abrazos my dear

Alice dijo...

yo creo que la memoria es mucho mas cualidad que pesar... yo tengo pesima memoria a largo plazo y es muy triste darme cuenta que ya no puedo recordar muchas cosas de mi infancia... ni siquiera los recuerdos que me gustaba recordar... es terrible..

Unicornio dijo...

Don Miguel, ¿qué cree?
Me ha sorprendido leer algunas expresiones en común con lo que uno piensa: "eso sólo me pasaba a mí!".
Eso de "querer hacer felices a los que me rodean..." es algo que uno busca casi instintivamente, supongo, cuando se tiene la sensibilidad para percibir de algún modo los sentimientos de los demás.
También me estremece la idea de recordar aquellos días cuando parecía que el mundo estaba contra los unicornitos pacíficos y con labia (¡única y a veces contraproducente armamento de peso, como bien lo sabrás!).

Pero en lo que puedo decirte que coincido plenamente contigo es en que la "memoria fotográfica" (o "memoria eidética" en el mundo unicorniano), es la peor maldición que puede haber... y en contadas ocasiones, también la mejor bendición que podemos tener.

Porque, a ver, ilustres camaradas de "blogueo", díganme: quién ha percibido un perfume (Trèsor de Lancôme, por ejemplo) y en ese instante recuerda la humedad de un beso, la tersura y súbita aspereza de la piel trigüeña, el aroma a deseo y yerbabuena de un suspiro cerca del cuello (¡y cerca del cielo!) el tono en mezzosoprano de un "¡Te quiero!", junto con la melodía de fondo de un ave canora en un árbol infestado de vainilla y el meta-recuerdo (un recuerdo dentro de otro recuerdo) de la primera vez que ví su boca, sus ojos, su desnudez impregnada de ESE OLOR???

¡Es hermoso!
Y, ¿qué decir de otros aromas y/o sonidos, que recuerdan accidentes, guerras, "sanjuanicazos" o rescates post-terremoto?
¡Es horrible!

¡Qué gacho eres por hacerme recordar! Pero ¡qué buen amigo eres por provocarme estas remembranzas!
Pero, ¡qué feo se siente!
Y... también !qué bonito!...
Y... y... y... ¡Ya me acordé! ¡La fecha de la boda era...! ¡Aagghhh!

(rogamos comprensión de los lectores: el cuaco con cuerno acaba de caer en un "Loop" de Moebius-Hofstader (igualito que HAL9000), por culpa del tema de Miguel. Estará en reparación hasta la próxima. Atentamente:


el staff del Monoceros).

P.D. Y les "recuerda" que desea que To2 tengan un luminoso día, dondequiera que estén...!

Filiberto dijo...

Ave, O Unicornivs!

El mejor remedio para el loop de Möebius-Hofstaedter es un tapeworm que yo gustosamente te puedo proporcionar. Me la proporcionó el meritito Raghavendra Subramanian (a.k.a. Raghu), que se sienta aquí junto a mí, y que es gran cuate del doctor Sivasubramanian Chandrasegarampillai (a.k.a. Dr. Chandra) ¿Tienes conexión firewire o IEEE para hacer una transferencia de datos?

No me gustó la película 2010 por muchas razones, pero entre las principales está el haber omitido a los chinos, con todo y nave espacial, de la película, así como el no haber puesto a un actor indio para el papel del Dr. Chandra. Y todavía no me recupero del coraje que pasé cuando en los subtítulos abreviaron eso del loop de Moëbius-Hofstaedter como loop Möebius-H. Seguramente el doctor Hofstaedter, hijo de premios Nobel, descubridor de los "strange loops" se ha de haber retorcido como ostión con limón.

Salve, y cuídate. Sobre todo, cuídate de las doncellas núbiles: siempre son trampas para cazar unicornios.

VERÓNICA MAZA dijo...

Darlig, ¿te acuerdas de mí?
¿No?
Soy tu amiga Verónica... ¡¡¡y soy un robot!!!

Hanna Berumen dijo...

Darling,

que onda contigo... ¿por qué estás escribiendo cosas tan profundas?, si esto te sirve para sacar la depre está perfecto pero no me preocupes...
Lo que tú has logrado es una vida envidiable, eres una persona que ha vivido más de lo que muchos hemos soñado, además yo te quiero
muchísimo así que escribeme, quiero saber como estás....

besitos.

Sebastiana dijo...

When I was younger quería tener una desas malas memorias, para olvidar los detallitos mierdositos y volver a empezar... Pero son justo los detallitos mierdositos los que duelen cuando la cabeza se pone loca y le da por olvidar. Funny thing is, there is not such thing as true memories... but thats what makes them lovely.

Unicornio dijo...

Mi estimadísimo Miguel y camaradas (y "camarados"??) participantes (y "participantos"!!) de este blog:

También el Caballito con Cuerno se disculpa por el embarazoso exabrupto "tecnológico". Yo estaba hablando sólo de los recuerdos y la memoria eidética y se me escapó una "subrepticia" mención al HAL9000 (sin afán de asustar a los que tienen fobias a los "ojos rojos" cibernéticos asesinos, como el que esto escribe, hace ya tiempo, jeje). No lo Güelgo (con "g") a Facer.

Por otra parte, coincidiendo con champy...
El olfato es el más antiguo (en el sentido evolutivo) y por ende, quizás el más "instintivo" y el más imperativo de los sentidos. Un día nos ponemos a platicar acerca de cuánto nos impulsa un olor, más que una mirada, en cuanto a nuestros recuerdos y afectos más entrañables. Es más... hoy, hoy, hoy escribo algo al respecto. Siguiendo su consejo, allá lo espero si gusta, Don Migue.

Y va pues un gran saludo a Don Filiberto, a ben, alice, tessitore. al "inchi" unicornio, champy, miguel, verónica, hanna, sebastiana, y todos los que en este día, me han regalado un momento de sonrisas y reflexión. ¡Cuídense mucho y hasta la próxima!

Un abrazo afectuoso para to2 del

Reparado Penco con Cornamenta...

P.D. Allá nos vemos, Don Fili, si gusta, en el Proyecto Unicornio!!!

Viviana dijo...

Mi querido Miguel:

Coincido: La memoria es una bendición y más una tan compleja como la tuya. Pero toda memoria es selectiva y efectivamente se tiene que aprender a manejar, si no los recuerdos se vuelven obsesiones y debes usarlos y no permitir que te usen a tí.

Ay. A mí me sa envidia una memoria como la tuya...

Saluditos ¿Qué tal Londres?

Dushka dijo...

Hay un cuento corto de Milan Kundera que me gusta mucho. Empieza por afirmar lo que todos damos por hecho: que el pasado no lo cambia nadie. Acaba por ser un ensayo de como transformamos poco a poco los sucesos del pasado segun nuestro presente. Es decir, nada alteramos mas que lo que creemos fijo en las aguas turbias de nuestra memoria.