martes, 20 de marzo de 2007

Serenidad


Pocas cosas me asustan más, ahora que ya estoy acercándome a lo que unos llaman "mediana edad" (¿A qué horas fue que ni cuenta me di?), que la aparición súbita de la religión a mi puerta y aunque suelo hacer pactos con Dios, como ustedes saben, me he considerado agnóstico desde hace muchos años, por no decir que realmente soy un católicolapsado, a consecuencia de mi atroz experiencia en manos de la ultraderecha católica más astringente en mi confusa edad puberta.

No obstante esto, admito que hay rituales que aún hoy son de mi agrado y que hay algunas piezas sueltas de la mística, que recuerdo con cariño. Entre ellas, la noción de la oración como manera de enlazarte de manera particular con lo que estimamos como nuestro omnipotente y plenipotenciario creador.

La primera oración que me enseñaron, al pie de mi cama, fue el "Ángel de la Guarda", misma que hace mucho tiempo no invoco, y sin embargo la recuerdo como algo muy confortante y efectivo, especialmente cuando el sueño se interrumpía por algún terror nocturno -- el famoso monstruo del closet, que después supe que sí existía, pero no en el closet- ; posteriormente aprendí el "Padre Nuestro" y por algún tiempo, me gustó bastante.

Hoy, cuando abro el ojo y me levanto, suelo decir (antes de supersticiosamente poner el pie derecho en el piso antes que nada) "gracias Dios" y en eso consiste mi "oración del día" (mi abuela María dixit), aunque ahora también he descubierto -- y más bien, desde hace algún tiempo,- que algo me atrae de la oración de los Alcohólicos Anónimos:

Señor, concédeme serenidad

para aceptar lo que no puedo cambiar,

valor para cambiar lo que sí puedo,

y sabiduría para distinguir la diferencia
.

Hace un tiempo, cortesía de Hugo Hiriart, supe que su autor no es ninguna Santa Mártir que tuvo que lidiar con algún desobligadote marido borrachales en época Romana, sino que se trata del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr (1892-1971). Esta breve oración fue compuesta un domingo de 1943, durante el furor de la Segunda Guerra Mundial (su autor era teólogo de izquierda, socialista en su juventud, antifascista y antiestalinista enconado). Según supe, a él nunca le molestó que una versión abreviada de su oración fuera empleada por Doble A en sus reuniones, en las que se invoca a manera de mantra coral, ni que se ignorara no sólo que él era el autor, sino hasta que la Oración tenía un autor. Actitud que, considero, lo honra.

Me gusta la oración por su sencillez y su simpleza. También porque carece de esos horrendos atavismos de sumisión y autoflagelo que me hicieron abominar la religión organizada desde que era un chicuelo. Me gusta porque apela a un atributo, la serenidad, que también me gustaría tener en mi vida, igual que lo son el ánimo, valor y gracia.

Creo que la serenidad es algo que se va adquiriendo con los años. No fui un niño sereno, ni mucho menos, un adolescente sereno. Sin embargo, ahora que estoy acercándome a la mitad de mi treintena, estoy descubriendo una serenidad implícita que se ha comenzado a extender. Y ciertamente es algo que sentía necesario, para aceptar muchas cosas; cosas en mis familiares y seres queridos (las cosas que no puedo cambiar); igual que acontecimientos que me rodean y sobre los que no tengo control -- desde una renovada declaración de guerra por parte de un señor que alguna vez conocí, hasta la inexplicable presencia de las tropas en Irak a estas alturas.

Serenidad para aceptar mis pérdidas y para disfrutar mis alegrías, de una manera más sosegada. Creo que eso es lo que quiero, aunque no es como un precioso par de zapatos, que puedo probarme y/o comprarme por capricho.

Creo que la serenidad llega de la mano de la experiencia.

Y acaso no está de más, pedirla (con humildad, no estamos exigiendo nada) por las noches, antes de dormir.

13 comentarios:

Ben dijo...

Oooh! Hanky panky nohow.

Nothing frightens me more
Than religion at my door.

Yo aún tengo sueños recurrentes en donde "tengo" que acompañar a mis padres a predicar a las puertas de extraños. Creo que la irónica idea de un creador que se complace en nuestro sufrimiento nunca me trerá serenidad.

Como tú, yo también creo que la serenidad llega de la mano con la experiencia, aunque en este mundo loco sólo se alcanza la serenidad total cuando te petateas. Jajaja.

Saludos my dear

Miguel Cane dijo...

Hola my dear,

Yo por eso siempre me sentía horrorizado cuando me hablaban del "temor de Dios" o me decían "te va a castigar Dios".

Para mí, mi versión particular de Dios, es la de un Dios de amor y creación; esto es: yo prescindo de todos los atavismos de castigo, la exigencia de sumisión y tantas y tantas reglas inhumanas creadas por el hombre, y tengo una relación de amor con la noción de una fuerza superior.

Aunque te comprendo perfectamente. Yo también huí de la religión organizada y la considero, hoy todavía, como uno de los principales puntos de conflicto de la humanidad: ¿cuanta mierda no se ha hecho en "el nombre de Dios"?

En fin...

Sobre la serenidad:
Sí, Ben. Llega. Y cuando llega, no sabes lo bienvenida que es. Pero llega hasta que tiene que llegar y ni un minuto antes, me temo.

Muchos abrazos, my dear

Mario dijo...

Y yo que pensé que yo era el único que andaba en busca del sosiego, en un mundo en el que todos buscan placeres y cosas materiales, jejeje... Si un don pudiera pedirle al genio de la lámpara, sería, precisamente, la serenidad para transitar por un mundo que es, simultáneamente, un valle de lágrimas y un paraje soleado de película de Douglas Sirk. Cuando fui puberto en cuerpo y alma (ahora sólo lo soy en alma), sentía una profunda devoción por Dios, después de un período de franca rebeldía punk y de blasfemias inofensivas como dejar de ir a misa y criticar a mis tías que no entendían bien el asunto de lo divino, pero aun así creían... Con el tiempo, me volví agnóstico, pero nunca volví a tener la serenidad de espíritu que cuando fui creyente. Es extraño: ahora sé que la responsabilidad por mis acciones recae sólo en mi, y eso debería darme un sentido de la libertad invaluable, cierto? Pero no es así, sé que soy libre para acertar y equivocarme, para errar el blanco y volver a intentar el disparo, pero también tengo la intuición de que si me caigo y nadie de mis seres queridos puede levantarme, no habrá una red de protección adicional para detener mi caida... Un mundo desencantado no se puede volver a encantar, aunque siempre queda la posibilidad de decir lo que deseas y lo que agradeces en voz alta (como en la oración) o callada (como cuando te encuentras solitario y de frente al vacío) para tratar de tomar distancia de tí mismo y reconciliarte con el mundo...

Patricia dijo...

Miguel! Si me preguntaran cuál es mi oración, yo diría que es ésa, y es la que me sale naturalmente en algún momento de esos malos-malos. Sería ésa, o la de San Francisco de Asís, pero esta última es como para alguien mucho mejor que yo. Acá yo la conocía con un agregado, que no sé si está en su versión original, después de "valor..." sigue:

Fortaleza para alejarme de lo que no puedo aceptar, ni cambiar,

Y termina igual. Y la tercera, si me dieran a elegir, está en un cuadrito que me regalaron hace mucho tiempo y está sacada del Antiguo Testamento:

El Señor te bendiga y te proteja
Ilumine su Rostro sobre tí
Y te conceda Su favor.
El Señor se fije en tí
Y te conceda la Paz


Porque, ¿qué mejor que desearle a otro que tenga paz?

Cariños!
P.

Arkturo dijo...

siempre es bueno reconocer que uno necesita serenidad

mirame a mí.

16 años, y sin duda alguna de que, estaré con esa busqueda de serenidad en dios, que más que un significado simbólico de querer pertenecer a algo, es simplemente una busqueda de paz más acercana a uno.

no veo con otros ojos a la religión, más que con los de, un conjunto de de ideas, puestas para conocernos a nosotros mismos por medio de una fuerza, que muchos llaman dios.

se lo que te digo, soy algo viejo con ese tema de ir, y venir para conseguir algo sosiego.

Miguel Cane dijo...

Querido Mario:

Te escucho (leo) y te comprendo...
... pero espera:

Si caes, habrá quien te ayude a levantar, o bien, que sea tu red.

Sólo es cosa de mirar bien, muchas veces, entre las sombras. Pero mirar bien, y tender las manos.

Y te compartiré este pedacito de mi experiencia (rápido, rápido, guárdatelo en el bolsillo: es un secreto que estoy compartiendo contigo):

Un mundo desencantado puede volverse a encantar.

Yo doy fe de ello.

Sólo es cosa de repetir el mismo proceso que menciono arriba: cierra los ojos, fuerte, fuerte, y cuando los abras, será como ver el mundo de nuevo, como por primera vez.

Y entonces, como dijo por ahí WH Auden, seremos dioses.

Un abrazo (o varios)

Miguel Cane dijo...

Querida Pe:

¡Gracias por esa tercera frase!
¡No me la sabía!

Ahora tiene todo tanto sentido...

Me gusta. Tanto como la idea de desear paz para otros.

Sobre todo, los que realmente la necessitan con urgencia, aunque eso signifique que para obtenerla, tengan que pasar por un proceso fuerte... como el derretimiento (literal) de las neuronas...

;)

Gracias por tu generosidad, Penélope/Patricia.

Un beso (o varios)

Miguel Cane dijo...

Joven Arkturo:

Pero tú lo has dicho; tú tienes el tiempo a tu favor. Tienes 16 años.

Yo, a tu edad (¡no puedo creer que estoy diciendo ésto!) no conocía el sosiego y tan no lo conocía que lo busqué de una manera drástica y definitiva.

Tengo suerte de vivir para contarlo.

Por eso, con conocimiento de causa te lo digo: lo que tienes, es algo que se cura con el tiempo.

Y eso, creeme, es una verdad como templo.

Quizás lo que necesitas es un poco de paciencia (como todos).

Un saludo hasta Little Missantla.

Ben dijo...

AAAAHH! Me siento viejo! Jajajaja.

¿Será este un buen momento para recomendar (again) The God Delusion de Richard Dawkins?

Saludos a todos

Patricia dijo...

Conste, Miguel, que esa frase (como ya sabrás) no está en el texto original (al menos no como yo lo encontré), y no sé de dónde sale el agregado. Pero que me gusta, me gusta mucho; porque me parece además que es tan necesaria la fortaleza de la que habla, como todo lo otro.

Besos (varios) ;)
Patricia

Anónimo dijo...

Como plagiadora profesional que soy, te voy a poner una letra que -me parece- puede gustarte. No preguntes ni averigües de quién es (¡te daría dolor de tripa, lo sé!) pero en cierta etapa de mi vida, esta canción me hizo sentir muchas cosas. Cuando perdí a aquel gran amor que TU SABES (en octrubre de hace dos años para ser exacta), me daba por escucharla y lloraba mucho. Lloraba de rabia porque no la tenía, y me hacía una falta infinita. Ahora, que ya la tengo, la escucho con cierta nostalgia. No digo que no se me cristalicen un poco los ojos, pero por fin la encontré. Y desde entonces, mis noches han sido mucho más "serenas"... nada de monstruos dentro ni fuera del clóset.
Encontrarla tiene su chiste, es por eso, que ahora la valoro mucho más.

Niña de mar con el sol por detrás
tiembla al saber que ya no volverá
amanecer en papel, en su piel,
tiempo de sal, de jugar, de pensar.
Serenidad para que no se corte mi respiración,
serenidad par tomarte de la mano y caminar
Niña de mar con el sol por detrás,
corre al saber que su ser quedará
sin hablar, sin tocar, sin amar,
tiempo de sal, de jugar, niña de mar
Serenidad para que no se corte mi respiración,
serenidad para tomarte de la mano y no llorar,
serenidad, para soltarte toda la serenidad del mundo para
dejarte ir...

¡Nada de aventarme zapatos! ¡Y nada de indagar quién la canta!

Besos babeados y muy, muy serenos

V.V.

Miguel Cane dijo...

Querida Pe:

Pues igual, gracias por el hallazgo.

¡Eres ahora miembro oficial del club de los Detectives Salvajes!

Abrazos muchos

Miguel Cane dijo...

Querida, muy querida Violetta...

...no, no me dio dolor de tripa, al contrario.

Y gracias, gracias por compartir.

Te diré algo: me pone muy feliz ver que tienes ahora esa serenidad tan regia, que te hace caminar tan erguida y grácil, en tus tacones cercanos, reina.

Mil besos, Señorita Verdú.