miércoles, 28 de marzo de 2007

Somos quienes somos

And you know you're
gonna lie to you in your own way
Tori Amos
Siren

La vida, ésta, la de todos los días, tiene extrañas (¡e inescrutables!) formas de ponernos en nuestro lugar o de demostrarnos ciertas verdades que muchas veces no aceptamos como parte de nuestra naturaleza. Siento que, en cierta manera, cuando somos niños, en nuestra tierna e irrecuperable infancia, representamos una especie de globo de cristal perfecto que en algún momento se astilla, o bien, se rompe y después, pasamos el resto de nuestra vida reconstruyéndolo, pieza por pieza, añico por añico, hasta que encontramos esa pieza fundamental que nos faltaba y vuelve a ser el mismo globo, aunque ahora está roto.

Quizá la metáfora no es muy afortunada, pero saben a lo que me refiero. Lo dijo Gwyneth Paltrow como la majestuosa y gélida Estella en Grandes Esperanzas [la de Cuarón, al que de plano sí que debo tenerle algo de idolatría, porque van tres veces en una semana que lo cito, después de habérmelo encontrado this close; soy un asqueroso grupi], en un inglés perfectamente claro y conciso y muy fácilmente traducible a cualquier lengua: We are who we are. People don't change.
Y la mayor parte de las veces es cierto: somos quienes somos y la gente (aunque nos gusta creer que sí) no cambia.

Y mucho menos, por nosotros.

¿Cuántas veces no oímos casos como éste?: Rosa está enamorada de Pedro. Pero él es alcohólico. No sólo tiene problemas con su manera de beber, sino que además -- como muchos que prefieren ser borrachales conocidos, en vez de alcohólicos anónimos-, no lo reconoce ni piensa hacerlo. Rosa, pese a que los indicios son innegables y también los comentarios de amigos y parentela, de todos modos decide casarse con él, augurando: "por mí, él va a cambiar. Va a dejar de beber. Yo lo voy a hacer cambiar."

Flash forward Cuatro Años: Rosa, traumatizada, ha abandonado a su marido, porque tras agarrar un pedal de órdago, aquél se la surtió por enésima vez. Evidentemente, la separación es en contra de su voluntad, pero no hay de otra: a todas luces se ve que Rosa será una bienintencionada ilusa siempre, donde Pedro tampoco piensa cambiar.

Hay cambios que son imposibles, aún pese a todas las buenas intenciones -- nunca me voy a olvidar del caso de Genoveva y Samuel. A sabiendas de que él no estaba muy definido todavía sobre su sexualidad, ella quiso casarse con él. Resultado: Samuel acabó muy mal, porque lo suyo era ser gay y siempre lo había sido, aunque le costó mucho aceptarlo. En realidad no hubo un cambio; siempre fue igual, siempre le gustaron los hombres y por más que aquella lo intentara, nunca pudo consumar el matrimonio. Podría decir que los dos acabaron muy mal, pero ni tanto: Genoveva hoy está casada con un importante representante del comité nacional Pro-Vida y tiene tres hijos (o cuatro, no sé bien) y aborrece a los maracas gandallas, mientras que Samuel no ha conseguido hallar estabilidad psíquica.

Lo dicho: Somos quienes somos.

Aunque a veces, nos ilusionamos. Pero del mismo modo en que los demás no cambian, lo cierto es que nosotros tampoco lo hacemos. No realmente. Evolucionamos, maduramos -- muchas veces a costa de un conocimiento casi siempre adquirido a través de dolor. La experiencia está ahí, sólo esperando para que aprendamos de ella.

Pero no queremos. Nos cerramos los ojos a propósito.

Tal es el caso de un amigo mío, Matías, quien estuvo casado un largo periodo con una chica que hace un año lo abandonó por otro. Así, de un día para otro. Obviamente, le hizo un daño del carajo (no es insulto, es definición) y él quedó ciertamente, muy dañado.

En el año transcurrido, Matías se ha encontrado distintas opiniones al respecto de su situación. No ha querido buscar ayuda profesional (esto es algo que personalmente yo haría -- de hecho, hice, en su momento) para completar su ciclo de duelo, y en vez de ello, se ha dedicado a trabajar de sol a sol y a "pensar en las cosas positivas" de su matrimonio, aduciendo que si se concentrara en los aspectos negativos de éste, "acabaría odiando" a su ex.

Esto me parece bien. Lo que no me parece sano, es que Matías aún idealice a su ex pareja. Lo hemos hablado. Se lo he dicho tan claro como lo pongo aquí: Somos quienes somos. La gente no cambia.

Del mismo modo en que Matías no cambiará su bondad y generosidad innatas, su ex pareja tampoco parecería cambiar. Al menos yo, me mantengo escéptico, por un cúmulo de razones que se hicieron evidentes tras la ruptura; Ella no me importa para nada, pero Matías sí me importa por ser mi amigo.

Quizás lo que él espera que le diga es: "te entiendo, para superar tu tristeza debes buscarla y acaso volver con ella"... pero si lo hiciera, aunque ojo aquí, lo entiendo y muy bien, no estaría ayudándolo.

Somos quienes somos.

Vaya si lo sabré.

Por más de un año, Matías ha sostenido una especie de curita de fantasía como paliativo para su dolor, todos lo hemos hecho. La diferencia, es saber dónde termina nuestra ilusión y comienza la realidad.

Conozco a Matías y sé que en un momento dado será capaz de (como sus héroes de la ficción cinematográfica) sacrificarse por alguien a quien dice que todavía quiere. Yo sé, que cuando la pobreza entra por la puerta, la calentura sale volando por la ventana -- lamento ser tan brusco, pero es verdad. Así se lo dije.

Yo voy a seguir siendo -- en la medida de lo posible- su amigo. A su ex no pienso volverla a ver. Cuando yo me vaya a vivir lejos, será más fácil. Y si Matías piensa irme a ver, como ha dicho, será bienvenido. Él. A su ex, y lo entiende (tendrá que entenderlo) no le tengo ningún nicho en mi vida.

¿Qué más puedo decir?

La gente no cambia.
Madura acaso, aprende de la experiencia. Pero no todo mundo hace lo mismo... como bien lo dijo Tori, en la misma película: y tú sabes que te mentirás a tí mismo, a tu manera.

12 comentarios:

Cuquita la Pistolera dijo...

Tal cual. Yo también pienso que la gente no cambia.
Incluso creo que con los años nuestras caracerísticas más grisáceas empeoran.
Pero creo que hay una etapa en la vida (¿la juventud temprana?) en la que nuestra candidez nos hace tener "grandes esperanzas", creemos que el amor es capaz de todo y que nuestro ser amado deseará convertirse en otra persona sólo por nosotros. Craso error.
A mi no me pasó en términos de alcoholismo. Me hice novia de un mujeriego empedernido y viví cuatro años pensando en con todo el amor que yo le daba era suficiente para que se transformara en un hombre fiel. Los resultados ni necesito decirlos. Con los años aprendí esto que dices Cane: la gente no cambia.(Lo cual no deja de ser triste)
Besos!

Ben dijo...

¿Cuántas veces he escuchado estas historias? ¿Por qué la gente se empeña en creer que por amor cualquiera puede cambiar?

Lo peor es que no sólo pasa en la juventud temprana (Cuquita, siento no estar de acuerdo contigo) Yo tengo un tio que a sus cuarenta y tantos años con tres hijos pensó que el "amor" que sentía por una completa extraña haría de su vida un paraíso. El resultado es que ahora está divorciado, su familia está dividida lejos de la gente que lo puede ayudar y su único consuelo es el pomo.

Somos lo que somos...

Un abrazo my dear

Merce dijo...

Perdoname Ben, pero qué es el pomo. Soy Merce encantada de leerte a ti también.
En fin, yo también creo que las personas no cambian o no quieren cambiar porque esas personas hieren a otros no así mismos (como el caso de los mujeriegos), entonces, los/as muy egoistas, no hacen el esfuerzo que requiere el cambio.
B7s

Cuquita la Pistolera dijo...

Merce:

El término pomo tiene un uso popular en México que quiere decir: botella de bebida alcohólica.

cristina dijo...

Pienso que un poquitito sí que cambiamos: la gente buena puede llegar y llega a superarse, a ser mejor.
Eso sí, los que más cambian son los "malos", y lo más triste es que normalmente cambian a "peor".

Un beso, Cane. Es genial leerte.

Ben dijo...

merce,

Bueno, cuquita ya respondió a tu pregunta. Jejejeje, no debería usar reginalismos :')

Saludos

Anónimo dijo...

Tengo cerca el caso de un hombre más de 45 años y alcohólico desde hacía al menos 10, que dejó el alcohol hace seis y todo sonaba muy bien... pero no dejó totalmente su personalidad adictiva, dependiente, poco funcional, lo que le causa conflictos en muchas áreas de su vida. O sea, sí cambió, pero no taaaanto. Qué jodido, ¿no? Bien diría algún freudiano: "Infancia es destino". Ups...

Besos, Cane, hace días que no te escribía. Se re quiere.
Julia

Senses & Nonsenses dijo...

Tina en la ley del deseo va a visitar a su antiguo amante y director espiritual. Tina era un niño en su etapa de colegio.

El sacerdote le dice: Cuánto has cambiado!
Tina le responde: no se crea, en lo esencial sigo siendo la misma.

Yo como el viejo de de la vida de las marionetas sigo viendo al niño que fui cuando me miro en el espejo.

un abrazo.

Merce dijo...

Por favor, usad reginalismos y lo que querais, de lo que no sé pregunto y encima tengo la suerte de aprender algo más.
Busqué en internet lo que era pomo y me salían peras y manzanas (fruto carnoso), lo cual no me resultó ni muy adictivo ni muy perjudicial jejejeje
Gracias.
B7s

Ben dijo...

Jajajajaja, hmmm frutos carnosos!

Saludos Merce

Dushka dijo...

Miguel, yo creo enfaticamente que la gente si cambia. No cambiamos por otros ni por amor. Cambiamos solo por nosotros mismos.

Lo tengo por seguro.

Curiosamente, escribi en mi blog algo al respecto - la pagina se llama "People do".

Miguel Cane dijo...

A todos:

Gracias, gracias, gracias por sus distintas lecturas.

Cada interpretación es importante e igualmente valiosa.

(Dushka: Sí. En algunos aspectos coincido con tu punto de vista. Supongo que en un cierto sentido lo que yo llamo "evolución" aquí, es un término muy similar al que tú te refieres. Bienvenida/Welcome.)