lunes, 2 de abril de 2007

El hábil y conspicuo ladrón internacional de horas

A todas luces, tanto artificiales como naturales, aunque ustedes digan que parece uno un paranoide anandroide (Radiohead dixit), no puedo evitar sentirme medio perturbado por el hecho de que todo pareciera indicar que a nadie en esta ciudad (y por lo que sé, en el resto del país) le importó cómo en el transcurso de ayer a hoy se perpetraba la sustracción, oficialmente orquestada, de una hora de nuestras vidas.

Ahora que, pese a ser domingo (ayer), hay que considerar también que oficialmente, la hora robada fue de nuestro sueño: así que se trató de un robo protegido por las sombras, como aquellos que llevara a cabo un personaje como aquél hábil y conspicuo ladrón internacional de joyas en Don Gato, sólo que aquí se trata de horas (esto atrae ecos a mi mente de Momo, de Michael Ende); además, consumado en un momento en el que en teoría no se debe perder gran cosa (pero, ¿qué autoridad sabe a ciencia cierta lo que puede soñarse en una hora de sueño? ¿Quién nos consultó? ¡A mí nadie me dijo!).

Y es desde ahí, que comienza mi suspicacia, porque si se piensa con detenimiento, resulta que, en la realidad, nos han robado una hora de cualquier otra parte del día, sin consentimiento: puede ser esa hora lerda y plácida que se toma uno los domingos (como ayer) durante el desayuno para ponerle mantequilla al pan, luego, una cucharadita de mermelada de frambuesa (es la que más me gusta) antes de leer el periódico – como supongo han hecho todoso precisamente un domingo cerca de las once de la mañana-; o a lo mejor lo hurtado fue esa hora que uno dedica secretamente a ver los desfiguros y banales estropicios que hacen algunas instant celebrities y compañía en el Big Brothel, o algún otro pseudo-reality show. Y digo secretamente, porque no he conocido a nadie que diga con frescura tan singular: “sí, yo veo esa mengambrea, me gusta y qué”.

O tal vez el hurto fue en forma de la hora que podrías dedicar a hacer ejercicio (ahí sí, ¿verdad? Qué suave... ¡me libré de la caminadora!) O igual fue el robo de la sabrosa siestecita dominguera, o del juego de canasta básica con las amigas (ésta es la variedad de canasta que se juega para saber qué se siente ser pobre), o la hora del ángelus, o la de irse de paseo a la Marquesa con la banda. Cualquier hora, cualquiera… ¡eso es lo alarmante!

¡NOS HAN ROBADO! ¡AL LADRÓN, AL LADRÓN! ¡AGARREN AL RATERO!

Pero es inútil. Lo que es más, y me disculparán, por favor, si insisto, es que aparentemente a nadie parecería importarle gran cosa el que maquiavélicamente los despojen de sesenta minutos.

Me supongo, entonces, que hay cientos de miles de ciudadanos de todos los estratos y ocupaciones que están más preocupados con temas de verdadera importancia crucial en sus vidas cotidianas como el saber de una vez por todas si hubo o no hubo fraude, si habrá más marchas, cuánta gente cabe en cinco metros por ocho de playas urbanas con arena importada o quizá, si la chic-pero-deprimida Doctora Grey encontrará la dicha en su porvenir al lado del McDreamy, donde el timorato George podría ser literalmente aplastado en el lecho amatorio por la doctora McNaca, en tanto asalta la duda acerca de si la inefable Cristina Yang no irá a ser una robota encubierta...

O alguna cosa más verede, como encontrar alguna manera de estirar la quincena hasta que llegue la otra, o porqué las cebollas suben y suben. Todo eso importa más que el haber perdido el tiempo, aún si dicen que en Octubre nos lo devuelven, cuando todos sabemos que no es cierto.

Será que no nos afecta tanto porque somos, supone uno, una suerte de materia orgánica antropomorfa y bonachona: ese poquito de luz extra robada al día nos deslumbra de tal modo que nos hace olvidar por completo cualquier atropello real o imaginario del que fuésemos víctimas en esta ciudad desesperada…. Incluso, ¿por qué no? del hábil y conspicuo robo de una hora de nuestra vida que -quién sabe, a estas alturas del poema- igual y era la hora de la verdad.

Ahora me voy a la cama y lo pienso. ¿Alguien más disfruta de mi hora?
Espero que le aproveche...

10 comentarios:

Merce dijo...

Aquí nos la "robaron" el fin de semana pasado. Yo prefiero este horario al de invierno por lo menos veo el sol cuando salgo de trabajar por la tarde.
B7s

Senses & Nonsenses dijo...

a nosotros nos tocó la semana pasada. no me solía afectar demasiado, pero cada vez me afecta más, será la edad, tardó unos días en recuperarme, en acosumbrarme.
ojalá pasen muchos años más y muchos cambios horarios. y podamos celebrarlo.
un abrazo.

Ben dijo...

Pues a nosotros nos tocó hace tres semanas. Yo no suelo darle mucha importancia ya que las horas de mi vida son bizarras de por sí.

Pero el otro día vi una entrevista en la que Michael Downing explicaba que la razón por la que se adelantaba el reloj en la primavera era para jugar más golf. ¡A mí ni siquiera me gusta! ¡Maldito ladrón de horas!

La entrevista la puedes leer aqui http://www.loe.org/shows/segments.htm?programID=05-P13-00017&segmentID=2

Saludos my dear

nyman dijo...

Pues si, pero asi como nos la roban ahorita, nos la regresarán cuando vuelva a cambiar el horario...

Yo ando todo lampareado...la verdad sí me afecta unos días esta situación.

Saludos

Patricia dijo...

Acá atrasamos una hora el 11/03, para volver al horario de invierno. Hasta ahora, nunca me había pasado de notar la diferencia. De hecho, me hace todavía gracia cuando en verano cambian el horario y la gente se queja porque "dormimos una hora menos" (?)

Pero este año me ha costado un poco más acostumbrarme a que cuando ya es noche cerrada, no necesariamente es tarde-tarde: ahora a las 19,30 ya está oscuro... pero no hay por qué correr a dormir. Claro, veníamos de que en febrero, a las 21 hs era casi de día aún.

Lo más gracioso es que la primera vez que realmente noté eso del cambio de hora (y el ajustarse a que es oscuro pero no tarde) no fue, en verdad, este año ni en mi país. Fue el último fin de semana de octubre, y en el DF. Pensé que era por el viaje que lo notaba... pero veo que no.

Un abrazo!

Anónimo dijo...

Yo simplemente DETESTO el horario de verano y sus siete meses. PUNTO.

Paco.

Viviana dijo...

Yo también lo detesto, me siento cansada todo el tiempo, es un horario artificial para mí.

El cuerpo debería de acostumbrarse solo a la noche y al día en el transcurso del año como siempre fue, y no en esta aberración que hace unos años nos imponen las personas que nos gobiernan. Nada más por eso hubiera votado por el peje, jeje.

Saludos

Viviana

Cuquita la Pistolera dijo...

Mi querido Cane ¿qué si alguien más disfruta de tu hora? Yo.
A mi con el horario de verano se me acabó el insomnio mañanero.
Supongo que me estoy levantando a la misma hora, o quizá un poquito más tarde, pero tan sólo ver mi reloj centelleando una horita más al levantarme me ha ayudado enormidad.

Kike dijo...

Cane, tu si tienes motivos para molestarte porque la hora "prestada" no te la van a devolver en noviembre, pero bueno, si quieres nosotros te la guardamos mientras vienes por ella.

Miguel Cane dijo...

A todos,
¡Gracias!

Espero que esa hora perdida, la recuperemos pronto, de alguna manera, de preferencia juntos.

Muchos abrazos en coro o en orquesta.