jueves, 12 de abril de 2007

Yo le canto al cuerpo eléctrico



No recuerdo cuándo fue que descubrí a Walt Whitman. Debe haber sido en mis años de preparatoria.

Lo que sí recuerdo, es que me provocó un umpacto tan fuerte, que quedé para siempre prendado de su manera de escribir, de su sensibilidad rústica y sabia, y su poesía libre de constricciones métricas, aunque poseedora de un ritmo casi hipnótico.

Años después -- soy como el cornudo, me entero siempre hasta el último- supe que además, Whitman muy posiblemente (hay pruebas ontológicas de lo que digo) era homosexual, involucrado por lo menos en una relación significativa con otro hombre.

Me sorprendió mucho saber esto, básicamente ante el hecho de que Whitman es diametralmente opuesto a, por así decirlo y teniendo en cuenta que se conocieron, Oscar Wilde.
Donde el anterior prácticamente acuña el término para la sociedad moderna (aún si ahora el 80% de las estrafalarias y superficiales loquitas que se han manifestado por todos lados, catapultándose del clóset amparadas por un idolillo pop cuyo nombre no recuerdo, no tienen ni la más pálida idea de quién es Wilde, cuantimenos Whitman), el primero parece haber creado su obra y vivido su sexualidad sui géneris -- y realmente tan así: era confeso enemigo del onanismo, por ejemplo, y feroz partidario de la castidad, aún si identificaba a la homosexualidad como adhesión y señalaba que ésta era básica para la existencia de la democracia- libre de cualquier clase de etiqueta.

Leí Hojas de hierba, que ya tiene más de ciento cincuenta años de existir, siendo muy jovencito, y hace poco, por culpa de Lusin, fui a caer de nuevo en sus territorios. Posiblemente mi favorito entre sus poemas sea el que da título a esta entrega:

Yo le canto al cuerpo eléctrico,
Me abrazan los ejércitos de quienes amo y yo los abrazo,
No han de soltarme hasta que yo vaya con ellos, hasta que les responda,
Hasta que yo los purifique y los colme con la carga de mi alma.

¿No es sabido que quienes corrompen su cuerpo están ocultándose?
¿Y quienes profanan a los vivos son tan viles como quienes profanan a los muertos?
¿Y que el cuerpo no vale menos que el alma?
¿Y si el cuerpo no fuese alma, qué es el alma?

El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,
El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,
Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y en las coyunturas, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas,

Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la lustrina,
Verlo pasar expresa tanto como el mejor poema, y acaso más...


Tan sólo palabras que me bastan para sentir esta descarga por mis venas y mis propias coyunturas, mis propios recovecos, el mundo en mi interior, cosmos, infinito que a veces hace ruidos.

Volver a Whitman ha sido un gozo y una sorpresa. Es curioso lo que el tiempo nos va haciendo: vamos aprendiendo a leer poesía. A asimilarla, a abrazarla, a vivirla, aún en los contextos más básicos.

Aún si nunca realmente aprendemos realmente a hacerla.

Ese es el don y privilegio de otros.

Otros como serías tú, pequeño Whitman que surfea.

5 comentarios:

Senses & Nonsenses dijo...

tengo un ejemplar de hojas de hierba rondando por ahí, pero casi nunca me voy a whitman. casi siempre regreso a cernuda.
lo fui leyendo por autoimposición cultureta, pero lo fui abandonando.

pero tal como lo explicas seguro que me estoy perdiendo algo extraordinario.

un abrazo.

cristina dijo...

¡¡Cuánto has escrito en estos días que he estado fuera!!¡Cuánto para leer, qué bien!
Y hablando de Whitman, recuerdo esos versos que dicen:
"Estoy sentado ahora, muy solo, pensando y suspirando.
Me parece que existen otros hombres, en países lejanos, que suspiran y piensan..."
Uno de ellos podrías ser tú.
Un beso

Mariluz Barrera González dijo...

Que bárbaro!!!, eso es el cuerpo, eso es el alma, no hay cuerpo sin alma, no hay alma sin cuerpo. Bellísimo y sin explicación, como bien lo describe, así es el cuerpo.

BESOS.

Sincopado dijo...

Ja, ja, si yo soy el pequeño Whitman que surfea, agradecido estoy, aunque me queda un poco grande.

Hace poco estuve releyendo, más bien hojeando, los diarios de guerra de este hombre.

Es un poeta radical, en cuanto a su forma de concebir la poesía y darle un nuevo lenguaje. A león felipe le gustaba mucho y ya sabes que a mí me encanta león felipe.

un abrazo

Miguel Cane dijo...

Senses, Mariluz, Camarada Cris:

¡Gracias! Y sí, Whitman es una fuente de energía renovable que no había que olvidar.

Bèbé:

Eres tú.
Y sabes lo que pienso al respecto.

TQ

Tu H Aslan