miércoles, 11 de abril de 2007

Puntos suspensivos


O bien, ...

De repente así es como me siento.

O será que no sé cómo debo sentirme, o si debo -- o voy a- sentir algo.

La entrega de hoy iba a ser sobre un tema completamente distinto a este, pero las cosas cambiaron de pronto, como suele ocurrir en la vida, que no te toma parecer al hacer las cosas.

Para poder explicar a lo que me refiero, voy a tener que abrirme ante ustedes. No es como si no lo hubiera hecho antes, pero esto es más específico. Tengo que decirlo ahora, sobre todo porque en una de esas situaciones irónicas de la vida, los acontecimientos que anteceden a lo que voy a contar, estuvieron presentes en mi mente en estos días de una manera latente. No sé si el subconsciente tiene alguna forma de manifestar lo premonitorio (soy pragmático, no creo en las premoniciones, realmente), sin embargo, es innegable que por varios días tuve la inquietante sensación de que este capítulo sin resolver de mi vida, estaba abierto de nuevo.

Muchos de mis amigos y de la gente que me conoce, saben que soy lo que se conoce como sobreviviente de abuso sexual infantil. No es algo que me averguence, ni que me sienta obligado a ocultar. No es algo que defina mi vida, pero sí es parte del cúmulo de experiencias que me hacen lo que ahora soy, experiencias buenas y malas, misterios gozosos y dolorosos.

Fui sujeto a esta situación de una manera prolongada y sistemática, a lo largo de tres años: entre 1984 y 1987 [será que estuvo presente en mi memoria estos días, por coincidencia de fechas, tal vez]. El violador -- no hay otro calificativo para señalarlo- era un familiar cercano que abusó también de mi confianza. No fui el único objeto de su actitud criminal, hubo otros niños (todos ellos varones) que fueron usados por él. El único, hasta donde yo sé, que habló sobre esto, he sido yo. Fui yo.

No escribo esto para obtener la compasión fácil -- ay pobrecito- ni para, mucho menos, hacer alarde de esto. Acaso sea para advertir. Siempre he sido muy explícito al respecto y mi experiencia la tengo presente como referencial y precaución para otros. Considero que el pederasta no es sólamente un enfermo: es también, a mi modo de ver, un criminal. He escrito acerca de esto, he hablado acerca de esto. Me he separado, en cierta forma, de esto. Si bien, en cierta forma procuro tampoco olvidarme del todo.

El hablar contra el abuso sexual infantil desde mi propia plataforma no ha sido fácil y mucho menos en un país como esto, donde de esas cosas no se habla. Hubo en un tiempo, quienes me sugirieron no hablar al respecto, para poder "sanar". Yo creo que el proceso de "sanación" lo toma cada quién como le llega. A mí me llega hablándolo o escribiéndolo cuando tengo que hacerlo.

El que yo tenga una preferencia sexual determinada, nada tiene qué ver con ese aspecto de mi vida. Yo ya era así, como soy, desde mucho antes. Puedo decir que siempre he sido así. Que siempre he sido un hombre -- y me gusta ser hombre- al que le gustan y atraen románticamente otros de su mismo sexo. Ha habido quienes piensan que "lo que me pasó" es una causa. No. Los síntomas, por llamarlos de algún modo, ya estaban ahí.

Ayer (¿Hoy?), cuando yo ya estaba pensando acerca de lo que iba a escribir, llamaron por teléfono a casa, para informarle a mi madre, que este pariente está enfermo, en situación crítica, internado. Evidentemente, no pregunté la causa.

Vi a mi madre, que es sin lugar a dudas la persona a la que más amo en el mundo (y en algunos aspectos, más resiento también, como a todos nos ocurre alguna vez) mirarme con algo mezcla de sorpresa y desazón y algo más que no sé qué es. ¿Dolor? ¿Ansiedad? ¿Miedo? Tristeza.

Puedo comprender, o acaso comenzar a tratar de comenzar a entender. No voy a conmoverme, no lo siento.

Hice una pausa, como la hago ahora mismo, y traté de sentir algo. Alguna cosa. Odio. Compasión. ¿Rabia?

Nada. No queda absolutamente nada. Me imagino que en su momento, mi madre y mi padre tendrán que confrontar lo que ellos sientan. Yo no puedo decir que los compadezco. Ellos saben todo. A su manera, han "vivido" con ello. Lo han sabido desterrar a donde no tienen que pensar en ello. Supongo que ahora, no tendrán mucha otra opción (alguna vez me dieron ganas de preguntarle a los dos, muchos años después, inclusive, de haberlos confrontado con la verdad: "¿Cómo pueden dejar que los toque? ¿Cómo pueden hablarle?" -- pero cada quién tapa el sol con lo que puede).

Yo no voy, evidentemente, a hacer nada.

Es un capítulo, como dije, irresuelto en mi vida, por múltiples razones, algunas que están fuera de mi control. Pero algo queda bien claro para mí. Yo no siento nada al respecto.

Bajo otras circunstancias, me asustaría, incluso, esta frialdad. Esta desconexión. Esta deshumanización de mi persona (¿se acuerdan de lo que hablaba de los robots?).

Sólo quedan puntos suspensivos.

Aún si dejara de existir éste tipo, yo no dejaría de hablar contra gente como él, no dejaría de advertir a los niños -- todos mis sobrinos y sobrinas están alertados, no sólo contra él sino contra cualquier otro, extraño o conocido, que pretenda dañarlos- y no dejaría de tener presente que esto es algo que está ahí, como tantas otras cosas. Ya no siento ni temor, ni vergüenza, ni la humillación de tener que negarlo.

A veces, creo, la vida se encarga de terminar las cosas por uno. Aún si lo que queda es sólo una sensación de total anticlímax.

En fin.

Voy a apagar la luz y dormir, sin monstruos bajo la cama.

10 comentarios:

Ninoschka dijo...

Qué impresionante tu historia... pero al mismo qué valor posees chico para contarlo, y pienso que eso es lo que te hará grande.
No vayas detrás de la compasión, ve atrás de tus propios principios, pues sólo estos son los que valen.
Lamentablemente el abuso infantil es un tema que sea en el país que sea, es y será siempre un tabú.
Es hora de que cambiemos y tú has dado el paso para que lo hagamos.
Muchas gracias...
Un abrazo,
byee

Nyman dijo...

Siempre he pensado que algo más compartíamos aparte del signo zodiacal.

Las cosas caen por su propio peso. Por eso te va tan bien a tí en este momento.

Un abrazo.

Paul Medrano dijo...

Maese Cane, es usted en chingón. Salutes

Anónimo dijo...

Estimado Miguel :

Tengo a una persona muy muy cercana que tambien paso por ello. Quizas no tanto tiempo como tu. Sin embargo tambien ha salido adelante y no le ha dejado huella que le impida progresar como persona.

Y pienso que tu y esa persona lo han logrado porque tienen una fuerza espiritual muy grande y porque son mas que esos lamentables eventos.

Y acerca de esos pederastas hijos de la chingada (perdonaran mi fino frances) lo unico que les puedo desear es que les vaya tan o mas mal como a la persona que nos comentas. Nada compensara lo que le hacen a los niños que al final son los mas inocentes de todo esto.

Saludos y un abrazo.
Toño.

Anónimo dijo...

Querido Cane: Uno no escoge todas las cosas que le pasan en la vida, pero sin duda elige cómo reaccionar ante ellas... y hablarlas-escribirlas es empezar valientemente a poner un punto y aparte, aunque creo que una espina de ese tamaño no termina de "tragarse" nunca, por más que se procese. O sea, difícilmente se le pone punto final. Más bien se deja sobre el mueble del cuarto, como testimonio para que a nadie se le olvide (ni a uno mismo, jaja, como si se pudiera) que ahí estuvo, que dolió y marcó para siempre.
Como sobreviviente de una guerra similar, te felicito por tu valor de encarar. Me ha costado un mundo abrir el tema fuera de mis cuadernos de notas y el sillón del terapeuta. Chapeau...
Jules

Senses & Nonsenses dijo...

como decía truffaut los niños tienen la piel muy dura. yo tb sobreviví a una experiencia de este tipo, y las huellas que me dejaron son las que me con-formaron. así que no me arrepiento de nada.

en cualquier caso ...cada situación es única e intransferible.

un abrazo tierno.

Patricia. dijo...

En mi país de eso tampoco se habla. Tenía un compañero de facultad que una vez, hablando muy en confianza, me contó algo similar. También era un familiar, pero en este caso él dejó todo callado, con las consecuencias imaginables para su persona.

Miguel, tú decís que el tema está inconcluso y por supuesto sabés por qué lo decís. Yo, desde afuera, te veo con el tema mucho más cerrado de lo que tal vez te parezca.

Ese resentimiento (si se le puede llamar así) que decías que te llevaba desear confrontar a tus padres y preguntar cómo podían seguir teniendo algún contacto con esa persona, me imagino que es natural y que uno quisiera que la familia diera vuelta sus espaldas ante esa persona.

Pero que tú hoy no sientas nada, yo no lo llamaría frialdad ni deshumanización, aunque puedan parecértelo. Me parece que es que sabés que hiciste lo que tenías que hacer con mucho valor en su momento; después lo has hecho alertando a tus sobrinos, pero además, alertando a todos de esas situaciones; y finalmente... ya no le das a ese tipo ni el lugar, ni el poder de lastimarte como lo hizo cuando eras chico.

Y si no le das el lugar ni el poder de lastimarte... a mis ojos, la cosa está bastante cerrada y te diría que has tenido la habilidad de hacer de eso no una fuente de victimización, sino otra experiencia más de tu vida (de las malas, pero experiencia al fin).

Cuando contás estas cosas, me acuerdo de un poema que hace añares circulaba que terminaba diciendo "porque lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado".

Y me pasa como siempre, cuando veo en otro algo que yo quisiera tener como ser humano, que me lleno de admiración y me alegro de conocer a esa persona.

Un beso!
P.

Miguel Cane dijo...

Queridos todos...

éste ha sido el comentario más difícil de escribir, porque no sé qué decirles.

Les agradezco la solidaridad, les reconozco el enorme valor al abrirse de este modo conmigo.

El asunto sigue irresuelto. Quizá así permanezca por un tiempo. No hay remedio para el sujeto, y no hay muerte tampoco.
Él sólo espera.

Pero yo no.

Gracias a todos. Mi cariño, siempre.

Dushka dijo...

No sera que el asunto sigue irresuelto porque tu sigues irresuelto? Las personas se resuelven solo con la muerte. Mientras vivamos, somos obras en construccion.
Ademas, Miguel, eres mucho, mucho mas de lo que te paso.

Miguel Cane dijo...

Gracias, Dushka.

Y sí, es cierto. Todos crecemos cada día y aprendemos quiénes somos a cualquier edad.

De verdad, gracias.

Un abrazo cariñoso y mi gratitud.

M