sábado, 26 de mayo de 2007

Retratos: Mi Familia


Soy el hijo mayor.

Por mucho tiempo fui el unigénito. Ahora, tengo una hermanita.

Son tres personas las que conforman mi familia; aunque he ido formando una familia con mucha gente que he ido encontrando a lo largo de mi vida -- y algunos de ellos, de hecho son mis parientes, pero no toda mi parentela es mi familia, eso ya se sabe, hay excepciones que he negado, niego y negaré como San Pedro y que pese a ser del mismo árbol genealógico para mí no son nadie. Nada.

Y sí, pues, ahora que soy mayor (ja, ja) tengo una familia ecléctica y extensa --como los Addams o los Tenenbaums (siempre quise ser un Tenenbaum)- pero mi familia, el núcleo, son sólo tres personas aparte de éste que habla.

Aquí pueden verlos, el día de mi despedida en casa de Hanna; Papá, Mamá, Mónica y yo. De aquí vengo. Ellos me hicieron. Por ellos soy.

Papá
: Hay muchas cosas que me unen a mi padre. De todo tipo. Momentos extraordinarios, anécdotas simpáticas. Tragos amargos. De todo. Es posiblemente la persona con quien tengo (por razones obvias) la relación más complicada que he tenido en mi vida. ¿Saben que de niño le tenía unos celos espantosos? Esto no es ningún secreto. Algunos de mis primos incluso se acuerdan y muchos de mis amigos lo saben, porque es la razón para la que yo tenga algunas de las características que tengo. Le tenía celos cuando estaba con otros niños, hijos de sus amigos (que realmente nunca fueron del todo mis amigos) y con mis primos. Sentía que mi padre no me amaba lo suficiente. Luego supe que sí me quería, pero a su manera. Y la manera de querer que tiene él es muy única, muy suya. Muchas veces es inexplicable y uno tiene que aprender a quererlo en esos términos, o bien, pese a esos términos. Debo ser honesto y decir que siempre me costó -- al fin y al cabo, habiendo sido criado por su padre- trabajo verlo como figura paterna de autoridad. Le cuestionaba siempre las razones de sus actos -- por fin un día dejé de hacerlo, sus razones son suyas del mismo modo en que mis razones son mías- y fui un hijo rebelde con él.

Posiblemente, pensaba, no soy el hijo que mi padre hubiera querido tener... o el que esperaba que fuera (Dios sabe que definitivamente nunca cumplí ninguna de sus aspiraciones, finalmente lo hicieron mis primos, pero yo no)... pero también tuve que aceptar que eso no era mi problema. Era y soy, de cualquier modo, su hijo. Y él es mi padre. El único que tengo. Así que seguí haciendo mi vida creyendo que si lo decepcionaba, no podía evitarlo.

Pero he ahí el error; vine a saber mucho después -- y es que expresarlo le cuesta, finalmente- que mi padre no está decepcionado de mí. Si hay alguien que realmente parece orgulloso de cómo se refleja lo que yo hago en mi persona y en los medios, es él. Extrañamente, ha terminado por aceptar -- y le costó trabajo, eso también es un gran mérito- que su hijo es quien es y quien siempre iba a ser.

Quiero a mi padre. Él lo sabe. Se lo he dicho. Dejé ir mi amargura por última vez, para no resentirlo. Él no va a cambiar, no puede, y el tiempo ya transcurrió. Lo que sucedió no puede deshacerse, y finalmente son cosas que tristes o alegres, palabras que dichas con intención o sin ella, igual contribuyeron a que yo sea el hombre que ahora soy. Nunca quise ser como mi papá. Respeto su individualidad; respeto su capacidad. Y lo quiero profundamente, aunque a veces soy un jeroglífico que no puede descifrar. Pero me respeta, y eso nos hace adultos de la misma manera. (¿Y saben algo? Yo también estoy orgulloso de él)

Mamá
: Es que mi relación con mi madre es muy, muy, muy distinta. Pero nuestras relaciones con nuestras madres siempre lo son. Es la persona a la que más quiero en el mundo. Y es a la que más temo en el mundo. La que más me enternece y la que me puede hacer enfurecer, o romperme. O hacerme reír.

Mi madre siempre fue mi amiga. Más tarde, fue mi cómplice. Mi madre se desesperaba mucho con el niño que fui y sin embargo, nunca dejó una de mis preguntas sin respuesta. Una sóla vez (o acaso dos, pero no más) me aplicó disciplina corporal y todavía se arrepiente. Sólo una vez me dio una bofetada por respondón -- éramos una generación respondona, ¿eh?- y me sonó y aún dice que siente feo -- sobre todo porque a mí los golpes me hacen moretes muy escandalosos por lo blanco de la piel y en mi niñez, peor tantito.

Pero también es la primera persona que comprendió cuál era mi destino como escritor y nunca me quiso cortar las alas; de hecho, tanto a Mónica como a mí, nos enseñó a ser libres -- aún si no comprendía nuestras inquietudes o no las compartía, pero nos enseñó que en esta vida, sólo nos teníamos a nosotros mismos y que había que vivir.

Ha sido mi maestra, en aspectos que ni siquiera ella sabe. Y en mi adolescencia difícil, hizo lo que pudo para sacar mi cabeza del agua cuando yo quería tenerla debajo del agua. Sé que no importa cuántos años tenga, teme por mí. Y sé que hay un diálogo entre ella y yo, que ha existido desde que estaba yo ahí dentro y ella me hablaba.

He visto a mi madre sobrevivir, de pie, a los embates más brutales: tanto dentro como fuera. Y se mantiene siempre vertical. Sé que muchas veces ha tenido miedo, pero se lo aguanta y mira adelante. Esa tal vez sea su mejor enseñanza.

Hay cosas de mi madre que no me gustan; su tolerancia ciega a ciertas cosas que yo no puedo tolerar simplemente por consanguineidad me parece atroz y se lo he dicho. Yo no condono, pero yo no soy ella. A ella la educaron de otra manera; a mí de otra. Pero ella respeta la crianza que recibí de ella y de mis abuelos, como lo que me ha hecho lo que soy ahora. No quiere decir esto que todo sea armonía, pero ella es así y el amor que nos une es más estrecho y profundo que las adversidades; lo sabemos ambos. Y aún así, nunca vacilo en decir que mi madre es una mujer íntegra, sin lugar a dudas y a prueba de tontos.

Siempre he pensado que me parezco a mi madre y creo que me parezco a ella, más de lo que ella cree. O al menos, me gusta pensarlo.

Mónica
: Cuando ella nació, yo ya era grandecito. Pero la soñaba. Eso es algo que mucha gente de mi parentela trató de borrar, alegando que "le tenía celos" y de inmediato catalogándome como el hermanito celoso y malévolo y envidioso. Y por desgracia, eso marcó una parte de mi relación con Mónica mientras crecíamos ella y yo.

Sé que un tiempo Mónica pensó que yo no la quería. Alguna vez me lo dijo, y yo curiosamente pensaba lo mismo: es clara consecuencia de los despliegues de ostentación que hacia la parentela sobre ella cuando nació. Fue como si de repente yo que de por sí (y cito) "era un niño difícil y muy chocante", hubiera dejado de existir ante la llegada de este bebé de ojos azules y salud delicada.

Pero eso fue hace veintiséis años (hoy, además).

Mi abuelo Miguel -- al que ella no conoció, no pudimos compartirlo y sé que para ella, es un gran misterio, aunque no una carencia, nuestro abuelo Faustino la adoraba- era quien compartió conmigo la expectación por la llegada de mi "hermanita". Si hubo alguien que sabía cuánto la soñé, cuanto la quise aún desde el antes, era él. Y la amaba. Muchísimo. Fue su nieta más pequeña. La hija de su hijo y de su hija (siempre presentó a mi madre como "mi hija Consuelo, la esposa de mi hijo Ernesto,") y el bebé más deseado del mundo. Cada noche eso era lo que yo pedía, una hermanita, una hermanita.

Pero en fin, en las crianzas uno no interviene y menos si se es, efectivamente, un niño roñoso, huraño y chocante, bastante "difícil" y créanme, yo lo fui con ganas. Especialmente para la parentela que se apresuraba a señalarlo -- de ambos lados del árbol, además, nótese-. Pero siempre, aún si no se lo demostraba, quise a mi hermana.

Fue muy difícil empatarnos en la vida; por una plétora de razones, de motivos, de gustos no compartidos, de hábitos contrastantes. No tenemos realmente nada en común, no del modo en que he visto a otros hermanos y hermanas compartir cosas, secretos, complicidad.

Mónica y yo no lo fuimos nunca, no realmente. Pero siempre la quise. Aún cuando estábamos a veces a la garganta el uno del otro -- mi hermana tiene muchas virtudes gloriosas y muchos defectos horrendos en medio de ambos, algo que lo mismo es un defecto que una virtud: mi hermana es, cuando se lo propone, la gran estratega y siempre obtiene lo que quiere de un modo u otro. Yo quisiera pero soy un amateur comparado con su habilidad-; siempre la quise.

Es lo único que he podido llamar mío. En el más puro sentido consanguíneo.

No es secreto que nos entendemos en muchas cosas, no somos mutuos confidentes -- no. Ella tiene a sus amigas y yo a los míos-. No nos guardamos secretos el uno del otro tampoco. Pero nos queremos. Yo a mi hermana la quiero como al mundo; es una de las pocas personas en quien consistentemente pienso cada día. Aunque sea un minuto.

Es una hermana estupenda. La he visto serlo para con sus amigas. Será una madre excelente -- tiene a quién salir: a nuestra madre y a la abuelita María, que era una gran madre, si bien también era una harsh mistress con nosotros, sus aprendices- y es una profesional formidable, totalmente comprometida con el sueño de lo que siempre quiso hacer cuando creciera.

Finalmente ha sido ahora que somos adultos, que Mónica y yo nos empatamos. Hemos formado otra clase de alianzas. Hemos sobrevivido largas jornadas y aunque no somos dulces mutuamente, significamos.

Ellos son mi familia. Ellos me hicieron y soy. Ya lo dije. Son las tres personas que más quiero en el mundo (y hay más gente a la que adoro y lo saben, pero esa es otra familia, que yo armé con mis manos y mi corazón). Ellos son mi causa.

Hoy, Mónica cumple 26 y Mamá cumplirá 57. No estoy ahí. Pero igual, las pienso, están sentadas aquí conmigo. Papá también. Y yo estaré al otro lado del mar, en la casa en que crecí. La casa que es la casa de mis padres. La casa de mi familia, que está siempre dentro de mí y va conmigo a todas partes.

6 comentarios:

Viviana dijo...

La familia es siempre el pegamento que nos une y nos da forma.

¡Qué bonitas palabras! Estoy segura que tu familia te corresponde en amor y en sentimiento, que finalmente es lo importante.

Un beso hasta allá, y felícitame a las cumpleañeras porfavor.

Viviana

Paxton Hernandez dijo...

Hoy los conocí! En persona! Cuando fui por las pelis del Mauro. Mónica es guapetona jejeje. Pero todos son muy buena onda. Ni enterado me daba por los cumpleaños. Los hubiera felicitado. Chale.

Saludos,

Ben dijo...

Ahora entiendo porque dijiste que pensaste en mí cuando escribiste esta entrada.

Existen tantas cosas que se dicen sin muchas palabras y tantas afinidades que, entre nuestras diferencias, nos unen con nuestras familias.

Un enorme abrazo hasta el otro lado del mundo

Miguel Cane dijo...

Viv:

¡Gracias! Tú sabes que no es fácil escribir esto, pero que se escribe con el corazón y la tinta que de él se saca, dura mucho más.

Mil besos, amiga.

Y cariños a Tu familia.

Miguel Cane dijo...

Manuel-Pax:

¡Pues afortunado! jejeje
Qué bueno que los conociste.

Mónica ya está pedida, sorry.

Pero siempre es halagador saber que uno no se equivoca en sus juicios.

Un abrazo.

Miguel Cane dijo...

My dear:

Pues sí, pensé mucho en ti cuando escribía...

y sigo pensando en ti, porque además, tú ya eres parte de esa ecléctica familia que he ido formando.

Many hugs and sunny smiles.